Pedri, sobre la humildad que debe mantener siempre que va a casa: “Si llego con mechas, mi madre me mata”

Pedri González es un futbolista atípico. Porque a diferencia de sus compañeros de profesión, él siempre ha apostado por tener un carácter reservado, y huir de extravagancias. No le gusta destacar fuera de los terrenos de juego, y aunque no tiene miedo a las cámaras, intenta ser protagonista por todo lo que hace en el campo, y no por su vida privada. Y esto explica su perfil discreto, alejándose de excentricidades, de lujos o de polémicas.

Una cosa que le ha servido para ser respetado por todas las aficiones del planeta, no solo la del Barça, como demuestra el hecho de que reciba ovaciones en todos los estadios, como le sucedía a su gran ídolo, Andrés Iniesta. Y el jugador canario culpa a sus padres de esto, ya que recuerda los valores que le inculcaron desde que era solamente un niño, y todo lo que le enseñaron. Y todavía no se atreve a saltarse las normas que le impusieron, pese a que ya sea un adulto.

“Si llego a casa con mechas, mi madre me mata”, afirmaba el ex de la UD Las Palmas en tono humorístico durante una entrevista a ‘El País’. Pero la realidad es que sus padres han sido las personas más importantes de su vida, sin olvidar a su hermano mayor. Porque ellos se sacrificaron cuando era un niño, para que no le faltara de nada, trabajando durante todos los días y muchas horas en el bar que tenían, con una gran tradición en la isla.

Pedri estuvo trabajando allí durante un día, para comprobar la exigencia y la responsabilidad que supone tener un negocio, y aprendió una lección que no se le ha olvidado nunca. Pero sus padres y su hermano le permitieron que no trabajara allí, aunque lo necesitaran, para que se pudiera dedicar las 24 horas el día a estudiar, y a hacer lo que más le gustaba, y le sigue gustando, que es jugar al fútbol. Y obtuvieron una recompensa merecida.

Pedri cumplió su promesa

Con tan solo 16 años, Pedri ya se había estrenado en La Liga Hypermotion, y tan solo unos meses más tarde, fichó por el Barça. Y cumplió la promesa que le hizo a su familia, ya que, con su primer sueldo, su intención era que dejaran de trabajar, y que pudieran cerrar el bar, para poder tener una vida tranquila.

Una clara demostración de que los sueños se cumplen