Pau Gasol creció en una familia en la que el baloncesto estaba muy presente, pero sus padres nunca plantearon el deporte como una obligación ni como un camino que debía seguir a cualquier precio. Cuando Risto Mejide le preguntó si habían sido ellos quienes lo empujaron hacia las canchas, Gasol fue claro: más que impulso, lo que recibió fue apoyo.
Sus padres habían jugado al baloncesto y entendían bien lo que significaba aquella afición, pero también tenían otra preocupación: que su hijo no abandonara los estudios demasiado pronto. Por eso insistieron durante años en que mantuviera abierta una segunda vía mientras su carrera deportiva todavía estaba construyéndose.
El baloncesto crecía, pero los estudios seguían presentes
Gasol llegó a compaginar los entrenamientos y la competición con la carrera de Medicina. Durante un tiempo convivieron dos caminos completamente distintos: por un lado, un deporte que empezaba a convertirse en algo mucho más serio; por otro, unos estudios exigentes que también le interesaban y que representaban una alternativa real.

La situación no podía mantenerse indefinidamente. El nivel competitivo aumentó, el baloncesto empezó a exigir cada vez más horas y llegó el momento en el que tuvo que escoger. Gasol terminó apostando por el deporte, pero no porque sus padres hubieran diseñado ese futuro desde niño.
Sus padres apoyaban sin decidir por él
Ahí está una de las claves de su recuerdo. En casa disfrutaban de sus partidos y entendían su pasión, pero intentaban que el entusiasmo no eliminara otras posibilidades antes de tiempo. Querían que tuviera formación suficiente para poder elegir cuando realmente llegara el momento.
Gasol acabó construyendo una carrera extraordinaria en el baloncesto, pero su historia podría haber seguido otra dirección. Durante una etapa de su juventud, Medicina no era simplemente un plan teórico: formaba parte de su vida cotidiana. Ese equilibrio explica también la forma en la que habla del papel de sus padres. No recuerda presión para convertirse en deportista profesional, sino acompañamiento y una insistencia constante en que no descuidara su formación.
Finalmente eligió el baloncesto porque las circunstancias y su talento terminaron llevándolo hacia allí. Pero antes de tomar esa decisión pudo mantener dos caminos abiertos. Y quizá esa sea una de las mejores herencias que reconoce de sus padres: no escoger por él, sino darle suficiente apoyo y educación para que llegado el momento pudiera hacerlo por sí mismo.