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Nadar es una de las actividades más recomendables para muchas personas mayores porque permite trabajar la resistencia con poco impacto sobre las articulaciones. Sin embargo, limitarse a hacer largos puede dejar fuera movimientos muy importantes para la vida diaria. Uno de los más interesantes es caminar de lado dentro del agua, un ejercicio sencillo que obliga a activar músculos que apenas trabajan cuando avanzamos siempre hacia delante.

El agua añade resistencia en todas las direcciones y, al mismo tiempo, reduce parte de la carga sobre rodillas, caderas y tobillos. Por eso caminar lateralmente puede ser especialmente útil para entrenar equilibrio, coordinación y control de la cadera sin necesidad de movimientos bruscos.

Caminar de lado activa músculos que ayudan a estabilizar

Al desplazarse lateralmente entran en juego con más intensidad los músculos abductores de la cadera, especialmente los que ayudan a mantener la pelvis estable cuando caminamos. Esa función es importante al girar, subir un bordillo, esquivar un obstáculo o recuperar el equilibrio después de un pequeño tropiezo.

Un jubilado residente en el extranjero. Foto Simon Hurry Unsplash

Dentro de la piscina, el ejercicio se puede hacer con pasos cortos y controlados, manteniendo el tronco recto y evitando cruzar excesivamente las piernas. También conviene trabajar hacia ambos lados para repartir el esfuerzo y no convertirlo en un movimiento unilateral.

El agua permite entrenar equilibrio con menos impacto

Otra ventaja es que el propio agua ofrece apoyo y resistencia. Esto hace que cada paso sea más lento y controlable que en tierra firme, algo que puede dar más seguridad a personas que todavía no se sienten cómodas con ejercicios de equilibrio fuera de la piscina. No hace falta recorrer grandes distancias. Unos minutos combinando marcha hacia delante, lateral y hacia atrás pueden convertir una sesión acuática en un trabajo mucho más completo. También se pueden añadir elevaciones de talones, pequeños cambios de dirección o pasos amplios si la persona tiene suficiente estabilidad. Nadar sigue siendo una excelente actividad, especialmente para trabajar capacidad cardiovascular y movilidad general. Pero caminar dentro del agua permite entrenar funciones mucho más cercanas a lo que ocurre en el día a día.

En personas con antecedentes de caídas, problemas importantes de equilibrio o patologías articulares, lo ideal es adaptar la intensidad con un fisioterapeuta o profesional sanitario. Para el resto, caminar de lado en la piscina puede ser una forma sencilla de mejorar fuerza, estabilidad y confianza con menos impacto que muchos ejercicios realizados fuera del agua.