Miki Núñez arrastra desde la infancia un recuerdo que todavía explica bastante bien cómo vivía algunas noches cuando era pequeño. El cantante catalán ha contado que tenía un miedo muy intenso a la oscuridad y que necesitaba dormir con la persiana abierta para sentirse tranquilo. "Me daba tanto miedo la oscuridad que necesitaba dormir con la persiana abierta", ha explicado al recordar aquella etapa.
La escena tiene algo muy cotidiano. Muchos niños desarrollan rituales para enfrentarse a aquello que les asusta como lo es dejar una luz encendida, dormir con la puerta entreabierta o asegurarse de que entra algo de claridad desde la calle. En el caso de Miki, esa seguridad llegaba dejando la persiana abierta, una manera sencilla de evitar la sensación de quedarse completamente a oscuras.
La luz de la calle era su forma de sentirse seguro
Lo interesante de la anécdota no está únicamente en el miedo, sino en la solución que encontró para convivir con él. La persiana abierta permitía que entrara algo de luz exterior y hacía que la habitación no se transformara por completo cuando llegaba la noche.

Ese tipo de pequeñas estrategias infantiles suelen quedarse durante años en la memoria porque están asociadas a emociones muy intensas. Lo que para un adulto puede parecer simplemente una habitación apagada, para un niño puede convertirse en un espacio completamente distinto cuando desaparecen las referencias visuales.
Los miedos infantiles también forman parte de la vida adulta
Con el paso del tiempo, muchas de esas inseguridades desaparecen o cambian de forma, pero recordarlas permite entender mejor determinadas etapas de la infancia. Miki Núñez habla de aquello desde la perspectiva de quien ya puede mirarlo con distancia, aunque en aquel momento la sensación fuera suficientemente fuerte como para condicionar su manera de dormir. La historia también muestra una cara mucho más doméstica de alguien conocido por los escenarios, la música y la televisión. Antes de toda esa exposición pública hubo un niño que necesitaba ver algo de claridad para poder cerrar los ojos tranquilo.
No hacía falta una gran solución. Bastaba con dejar la persiana abierta y permitir que la luz de fuera entrara en la habitación. Ese pequeño gesto terminó convirtiéndose en uno de esos recuerdos que permanecen durante años. Miki Núñez aprendió a convivir con el miedo a la oscuridad de una manera muy sencilla: asegurándose de que nunca fuera completamente de noche dentro de su habitación.