Mikel San José, exjugador de fútbol: “Hacer deporte profesional no es sano, desde los 21 tengo dos hernias”

Mikel San José ha explicado con crudeza una realidad poco visible del fútbol de élite: competir al máximo nivel no siempre es compatible con estar sano. El exjugador del Athletic reconoce que desde los 21 años convive con dos hernias en la zona lumbar y que durante años normalizó entrenar, caer, chocar y jugar con dolor como parte habitual de su profesión.

“Hacer deporte profesional no es sano”, resumió al recordar su carrera. San José admite que muchos futbolistas aprenden a convivir con molestias constantes, analgésicos, infiltraciones y tratamientos para poder competir. El problema aparece cuando el cuerpo deja de responder y aquello que parecía asumible durante la temporada termina condicionando también actividades tan básicas como caminar, dormir o jugar con los hijos.

El cuerpo paga años de máxima exigencia

El fútbol profesional exige entrenamientos diarios, cambios de dirección explosivos, saltos, golpes y contactos repetidos. En su caso, las lesiones lumbares comenzaron muy pronto y después aparecieron tres hernias cervicales. Una de ellas terminó provocándole hormigueo y pérdida de sensibilidad en un brazo, una señal que obligó a los médicos a advertirle de que continuar jugando podía comportar riesgos importantes.

San José ha contado que durante mucho tiempo no concebía parar. Incluso cuando un especialista le ordenó abandonar los entrenamientos durante dos meses, su primera reacción fue negarse porque tenía un partido de Copa pocos días después. Esa mentalidad refleja hasta qué punto el deportista profesional puede acostumbrarse a interpretar el dolor como un obstáculo que debe superar y no como una señal que merece descanso.

Hacer ejercicio por salud no es competir profesionalmente

Su reflexión no cuestiona los beneficios de la actividad física moderada. Caminar, correr, nadar o realizar ejercicios de fuerza adaptados mejoran la salud cuando existen recuperación y cargas razonables. El deporte de élite funciona con otra lógica: el objetivo principal no es proteger el organismo, sino alcanzar el máximo rendimiento posible durante años, incluso cuando determinadas estructuras del cuerpo ya están deterioradas.

San José terminó retirándose después de entender que el riesgo superaba cualquier deseo de continuar. Había pasado buena parte de su vida acostumbrado a dolores que consideraba normales y descubrió demasiado tarde hasta qué punto habían condicionado su cuerpo. Su experiencia sirve para desmontar una asociación frecuente: un deportista profesional puede estar extraordinariamente preparado y, al mismo tiempo, arrastrar lesiones crónicas. La élite exige capacidades excepcionales, pero también puede dejar una factura física que permanece cuando desaparecen los estadios, los entrenamientos y la competición durante toda la vida adulta.