Marc Ribas sabe perfectamente que ser uno de los cocineros más reconocibles de Catalunya le ha dado una ventaja que muchos restaurantes no tienen. Durante años, su presencia al frente de Joc de cartes y Cuines lo convirtió en una figura habitual de la televisión catalana y esa popularidad también acabó llegando hasta las mesas de El Ciri, su restaurante de Terrassa. Ribas no lo esconde y asume que hay clientes que entran inicialmente atraídos por la posibilidad de conocerlo.
“Algunas personas vienen porque quieren una foto y vuelven por el servicio y la atención que se les ha dado”, explicaba recientemente el chef. La frase resume una de las claves de su manera de entender la restauración. La televisión puede conseguir una primera reserva, pero Ribas tiene claro que ningún cliente vuelve únicamente porque el propietario sea famoso. Lo que ocurre después de cruzar la puerta es lo verdaderamente importante.
La televisión consigue la primera visita
Ribas ha podido comprobar durante años hasta qué punto la exposición mediática transforma la relación con los clientes. Joc de cartes lo convirtió en una personalidad reconocible más allá del mundo estrictamente gastronómico y eso generó curiosidad alrededor de su propio proyecto. El Ciri, evolución de La Taverna del Ciri, propone una cocina catalana tradicional que el propio restaurante define como “hedonista”, basada en producto del territorio y recetas actualizadas.
Pero el cocinero insiste en separar popularidad y restauración. Para él, un restaurante tiene una vocación de servicio y la experiencia del comensal depende de muchos factores que van bastante más allá del plato. Ya había defendido anteriormente que ofrecer un servicio no significa caer en el servilismo y que existen unas normas de respeto entre cliente y trabajadores.
Lo difícil no es atraer al cliente, sino conseguir que vuelva
Precisamente ahí aparece la diferencia entre aprovechar la fama y construir un restaurante que funcione por sí mismo. Ribas puede utilizar indirectamente su exposición televisiva para despertar curiosidad, pero una fotografía con el chef dura apenas unos segundos. El servicio, la atención y lo que llega a la mesa son los elementos que determinan si aquella persona decide regresar.
La reflexión cobra todavía más importancia ahora que Ribas ha decidido centrarse especialmente en cocinar. Tras una década ligado a Joc de cartes, explicó que compaginar televisión, restaurante y vida personal le hacía sentir que no podía estar plenamente en ningún sitio. Su prioridad vuelve a estar en los fogones y en El Ciri. La fama puede llenar una mesa una vez; conseguir que esa misma persona vuelva depende, como él mismo reconoce, de algo mucho menos televisivo: hacer bien el trabajo cuando el cliente ya está sentado.
