Marc Giró, sobre su deporte favorito: “Quería hacer equitación y mis padres dijeron: ‘Toma caballo’”

Marc Giró nunca fue alguien especialmente aficionado al deporte. Ni a practicarlo ni a seguirlo como espectador. Sin embargo, en su casa insistían en que debía hacer alguna actividad física porque era buena para la salud. Fue entonces cuando, todavía siendo pequeño, ideó una estrategia bastante peculiar para intentar librarse: pedir precisamente uno de los deportes que consideraba más caros.

Sus padres les habían hecho creer a él y a sus hermanos que en casa eran pobres para evitar que pidieran caprichos demasiado costosos. Giró pensó que había encontrado la solución perfecta. Si decía que quería hacer equitación, probablemente le responderían que era imposible. La reacción fue exactamente la contraria. "Quería hacer equitación y mis padres dijeron: 'Toma caballo'", recuerda.

El plan para no hacer deporte terminó completamente al revés

Giró aprendió entonces a montar a caballo y acabó desarrollando una relación con una actividad que inicialmente había escogido casi como una provocación. Lo que debía servirle para escapar de las obligaciones deportivas terminó convirtiéndose en uno de los pocos deportes que realmente han formado parte de su vida.

Marc Giró a 'Lo de Évole' La Sexta2
Marc Giró a 'Lo de Évole' La Sexta2

Con el tiempo dejó de montar, aunque años después volvió a sentir la necesidad de recuperar aquella afición. Él mismo lo explica con su habitual ironía: abandonó los caballos durante una etapa de su vida y alrededor de los 35 años decidió que quería volver a tener uno. La solución volvió a llegar desde su propia familia.

Su madre terminó regalándole otro caballo

Giró cuenta que su madre había regalado anteriormente a una de sus hermanas una depilación láser. Ella, convencida de que debía ser justa con todos sus hijos, decidió ofrecerle algo de un valor equivalente. En el caso de Marc, la elección estaba clara: quería un caballo. Así terminó teniendo nuevamente uno, que actualmente ya está retirado. La historia resume bastante bien la peculiar relación de Giró con el deporte. Nunca sintió atracción por las disciplinas más habituales, pero una ocurrencia infantil acabó vinculándolo durante años a la equitación.

Lo que comenzó como una estrategia para conseguir que sus padres dejaran de insistir terminó convirtiéndose en una afición que regresó en su vida adulta. Giró quería escoger un deporte tan caro que resultara imposible. Sus padres, para su sorpresa, aceptaron el desafío y le pusieron literalmente un caballo delante.