Luis Enrique ha encontrado en Formentera uno de sus grandes refugios cuando llega el verano. El entrenador lleva años vinculado a las islas, primero pasando temporadas en Ibiza y, desde hace aproximadamente cuatro años, disfrutando de una vivienda propia en Formentera. Un lugar que encaja perfectamente con su manera de desconectar: tranquilidad, privacidad y una relación mucho más directa con el Mediterráneo.
Antes de comprar su casa actual, Luis Enrique acostumbraba a alquilar cada verano una vivienda apartada de las zonas más concurridas de Ibiza. Con el tiempo, sin embargo, terminó encontrando en Formentera el escenario que buscaba. La isla le ofrece un ritmo mucho más pausado y la posibilidad de disfrutar de sus vacaciones lejos de la exposición constante que acompaña a su profesión.
Una casa pensada para vivir prácticamente al aire libre
La vivienda destaca especialmente por sus espacios exteriores. Según ha explicado la revista Hola, cuenta con diversas zonas chill out, pequeñas terrazas y mobiliario de madera combinado con textiles blancos. Una decoración sencilla y muy mediterránea que busca integrarse con el paisaje y aprovechar al máximo las largas jornadas de verano.

La elección de Formentera tampoco parece casual. Frente al ambiente mucho más intenso de otros destinos del archipiélago, la isla conserva zonas donde todavía es posible encontrar silencio, naturaleza y cierta sensación de aislamiento. Para alguien acostumbrado a vivir bajo una enorme presión competitiva durante prácticamente todo el año, ese entorno se convierte en un lujo difícil de sustituir.
Formentera forma parte de sus dos meses para desconectar
Después de ganar la Champions, Luis Enrique explicó que dispondría de alrededor de dos meses de vacaciones. Ese tiempo lo repartiría entre distintos lugares importantes para él, entre ellos Gijón y Formentera. También mantiene vínculos con Catalunya y cuenta con otra propiedad en Gavà, por lo que sus descansos pueden dividirse entre varios puntos muy diferentes.
Pero Formentera ocupa un lugar especial. Allí puede reducir el ritmo, disfrutar del exterior y alejarse durante unas semanas de entrenamientos, partidos y decisiones deportivas. Después de años visitando las Baleares, terminó comprando una casa precisamente donde había encontrado esa tranquilidad. Más que una residencia de vacaciones, su vivienda en la isla representa la posibilidad de desaparecer temporalmente del ruido del fútbol y recuperar una rutina mucho más sencilla antes de volver a empezar otra temporada.