Lamine Yamal ha pasado de una infancia humilde a poder permitirse caprichos. En una entrevista con El País durante el Mundial, el joven repasó aquellos sacrificios familiares que marcaron especialmente su infancia. El joven considera imposible devolver por completo todos los sacrificios que realizaron sus padres.
Su madre procede de Guinea Ecuatorial y su padre es de Marruecos. Lamine nació en Esplugues de Llobregat, pero creció en Rocafonda. Ese barrio de Mataró continúa ocupando un lugar central en su identidad. El jugador mira hacia sus orígenes para entender todo lo que tiene actualmente.

Lamine Yamal sabe de los esfuerzos que sus padres hicieron por él y por su felicidad
La familia no siempre dispuso de recursos. Sus padres debían trabajar y hacer números para cubrir necesidades. Apuntarlo al fútbol suponía un esfuerzo. Comprar un regalo de Reyes también podía resultar complicado. Ellos consiguieron que Lamine jugara y disfrutara de momentos felices pese a las dificultades económicas.
El delantero comprende ahora la magnitud de aquel compromiso. “Lo que ha hecho mi madre, lo que ha hecho mi padre, yo no lo podría hacer por otra persona que no sea un hijo”, afirmó. Lamine cree que solamente el amor hacia un hijo permite asumir semejante entrega sin esperar nada a cambio.
El éxito llegó. El fútbol transformó su economía antes de que alcanzara la edad adulta. Lamine pasó de aceptar que algunos deseos estaban fuera de su alcance a poder cumplirlos. El jugador quiere aprovechar esa oportunidad. Ahora se permite hacer aquello que no pudo disfrutar durante su niñez, sin sentirse culpable por ello.
Maduración a marchas forzadas
El futbolista recuerda que nadie le regaló su situación. Él atribuye su patrimonio al trabajo realizado sobre el césped. Tampoco heredó una fortuna. Su talento y su rendimiento le abrieron las puertas. Lamine quiere disfrutar del dinero ganado, pero también pretende conservar una parte para sus futuros hijos.

Ese equilibrio marca su manera de pensar. El joven escucha consejos, aunque desea mantener la última palabra. Lamine no quiere gastarlo todo ni vivir condicionado por el miedo. Su objetivo consiste en disfrutar el presente sin poner en peligro la tranquilidad económica de su futura familia.
La fama también le ha cobrado un precio. El jugador ya no puede caminar tranquilamente por el centro de Barcelona. Ir al cine, sentarse en una terraza o comprar ropa se ha convertido en algo excepcional. Lamine cambiaría parte de sus privilegios por recuperar la libertad cotidiana que disfruta cualquier joven anónimo.