Los jubilados que duermen mal deberían revisar antes cuánto se mueven durante el día y si hacen siesta

Dormir mal durante la jubilación no siempre significa que exista un problema estrictamente nocturno. A veces, lo que ocurre durante el día tiene mucho más peso del que parece. Pasar demasiadas horas sentado, moverse poco o dormir una siesta demasiado larga puede reducir la presión de sueño acumulada y hacer que, al llegar la noche, cueste más conciliar el sueño o mantenerlo de forma continua.

Con la edad, el sueño puede volverse más ligero y fragmentarse con mayor facilidad. Por eso, antes de asumir que dormir peor es inevitable, conviene revisar algunos hábitos diarios. La actividad física, la exposición a la luz natural y la duración de las siestas pueden influir mucho en la forma en la que el cuerpo llega a la noche.

Moverse durante el día ayuda a llegar con más sueño a la noche

Caminar, hacer tareas domésticas, subir escaleras, trabajar algo de fuerza o simplemente evitar pasar horas seguidas en el sofá puede ayudar a aumentar el cansancio físico saludable. No hace falta realizar ejercicio intenso, lo importante es que el cuerpo reciba estímulos suficientes durante el día.

jubilado teercera edad Europa Press
jubilado teercera edad Europa Press

También conviene evitar concentrar toda la actividad por la mañana y después permanecer completamente inactivo durante muchas horas. Levantarse regularmente, salir a pasear o hacer alguna actividad por la tarde puede ayudar a mantener un ritmo más equilibrado.

Una siesta demasiado larga puede complicar el descanso nocturno

La siesta no es necesariamente mala. Para muchas personas puede resultar agradable e incluso mejorar el estado de ánimo. El problema aparece cuando se alarga demasiado o empieza muy tarde. Dormir una o dos horas por la tarde puede reducir considerablemente la necesidad de sueño al llegar la noche.

Como orientación práctica, muchas personas toleran mejor siestas cortas, de unos 20 o 30 minutos, y realizadas a primeras horas de la tarde. Empezarlas después de las cuatro puede interferir más con el descanso nocturno, especialmente en quienes ya tienen dificultades para dormirse. Mantener una hora estable para levantarse también suele ser más útil que acostarse demasiado pronto “para recuperar”. Irse a la cama sin tener sueño puede aumentar el tiempo despierto y generar frustración.

Si los problemas persisten durante semanas, aparecen ronquidos intensos, pausas respiratorias, dolor, ansiedad o somnolencia excesiva durante el día, conviene consultar con un profesional sanitario. Pero antes de buscar soluciones complicadas, revisar movimiento, horarios y siestas puede revelar que una parte del problema empieza muchas horas antes de meterse en la cama.