Jorge Ángel, enfermero: “Hay unos motivos por los que no recomiendo dormir con el aire acondicionado”

Dormir con el aire acondicionado encendido puede parecer la solución más cómoda durante una noche de calor, pero Jorge Ángel, enfermero, advierte de que no siempre es la mejor decisión. “Hay unos motivos por los que no recomiendo dormir con el aire acondicionado”, explica al señalar que el problema no está solo en la temperatura, sino en el efecto que produce el aparato sobre el ambiente de la habitación.

El aire acondicionado enfría, pero también baja la humedad. Esa sequedad puede afectar a las vías respiratorias, resecar la garganta, irritar la piel y empeorar molestias en personas con alergias o sensibilidad respiratoria. Muchas veces no se nota mientras se duerme, pero aparece al día siguiente en forma de congestión, picor, tos seca o sensación de haber descansado peor.

El aire frío no siempre descansa el cuerpo

Jorge Ángel también apunta a otro problema habitual: la exposición prolongada al frío durante horas. Cuando el chorro de aire da directamente sobre el cuerpo, los músculos pueden reaccionar con rigidez, calambres o contracturas. El cuello, la espalda y los hombros suelen ser las zonas más afectadas, especialmente si la persona duerme destapada o con una postura mantenida toda la noche.

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Por eso, el consejo no es pasar calor ni renunciar por completo al aire acondicionado, sino usarlo con más cabeza. Una opción es encenderlo antes de dormir para bajar la temperatura de la habitación y apagarlo al acostarse. Así se evita que el cuerpo pase toda la noche expuesto a un ambiente frío y seco, pero se consigue empezar el descanso con una sensación térmica más agradable.

Ventilar y controlar la humedad

El enfermero recomienda priorizar la ventilación natural siempre que sea posible, sobre todo a primera hora de la mañana o por la noche, cuando la temperatura exterior baja. Abrir ventanas en los momentos adecuados permite renovar el aire, reducir la sensación de habitación cargada y evitar depender toda la noche del aparato.

Si el calor obliga a dejarlo encendido, conviene subir la temperatura, evitar el flujo directo y valorar el uso de un humidificador. También ayuda limpiar los filtros y no cerrar la habitación como una caja hermética durante días. La clave está en no confundir dormir fresco con dormir en un ambiente seco y artificial. Según Jorge Ángel, ese exceso puede acabar pasando factura al descanso, a la piel, a la garganta y a los músculos durante los meses cálidos.