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Jordi Cruz recuerda el horno de su infancia en Manresa por el sonido de la máquina cortando panes de un kilo y por el olor de la masa fermentada y la corteza dorada. El establecimiento era el Forn Tàpies, situado junto al parvulario al que acudía de pequeño.

“Recuerdo el ruido que hacía la máquina al cortar los panes de kilo en rebanadas”, explicó en el discurso del pregón de la Festa Major de Manresa en 2019. La panadería aparecía entre recuerdos del barrio: la guardería, los helados que compraban y los desayunos camino de la escuela. Antes de hablar de restaurantes, Jordi Cruz se detuvo en esos pequeños detalles que todavía asociaba con la ciudad donde creció.

El barrio contado a través de sus sabores

En este sentido, su intervención permite acercarse a una Manresa cotidiana, reconocible a través de comercios y trayectos escolares. El recuerdo del pan tiene fuerza porque incorpora sonidos y olores. Son detalles capaces de devolver una escena completa sin necesidad de describir cada rincón. En su relato, el horno comparte espacio con aquellas compras de camino a clase que, vistas desde la edad adulta, conservan un sabor difícil de repetir.

Jordi Cruz a Masterchef TVE

De esta manera, el mapa personal del cocinero empieza antes de entrar en una cocina profesional. La comida aparece ligada a los recorridos del barrio y a momentos compartidos. El valor de esa evocación está en lo concreto: una máquina, un pan grande que se convierte en rebanadas y el olor de la cocción. Una escena sencilla ocupa así un lugar propio dentro de sus recuerdos de infancia.

Manresa como punto de partida

En Catalunya Ràdio, Jordi Cruz explicó que Manresa representaba sus fundamentos y sus principios, mientras Barcelona le había ofrecido un escenario más amplio para desarrollar sus proyectos. Hablaba de su ciudad de origen con orgullo y reivindicaba que formaba parte de su identidad. La trayectoria profesional podía llevarlo fuera, pero el lugar donde había crecido seguía teniendo un peso personal importante.

Así pues, el Forn Tàpies ayuda a contar esa relación desde una imagen cercana. El cocinero que después hizo carrera en la alta gastronomía también conserva el recuerdo de comprar y comer en su barrio. La memoria del pan devuelve su historia a una escala cotidiana.