Jordi Cruz quiere ver crecer a sus hijos y encontrar más tiempo para estar en casa. El cocinero, acostumbrado a combinar la dirección de sus restaurantes con las grabaciones de MasterChef, habló de esa dificultad en el pódcast Se me antoja, con Javi Antoja. La conversación mostró cómo conviven su exigencia profesional y el deseo de participar en una vida familiar que también reclama espacio en su agenda.
En esa charla situó su experiencia dentro de un cambio más amplio en la hostelería: “Hemos pasado de ser espartanos, de meterle 14 horas, de verlo bonito y sacrificado, a buscar un equilibrio, a hacer solo ocho horas, a entenderlo de una forma totalmente distinta”. La frase describía la transformación del oficio y sus jornadas, mientras él reconocía que también le gustaría conciliar más y disfrutar de su vida.
El tiempo en casa también forma parte de sus prioridades
En este sentido, Cruz explicó que Rebecca Lima le pide mayor presencia familiar, una demanda que se suma a sus responsabilidades laborales. Su relato transmite la dificultad de responder a varios compromisos simultáneos: los restaurantes necesitan atención, la televisión exige resultados y la familia espera compartir tiempo con él. El cocinero reconoció que adaptarse a ese equilibrio le resulta complicado después de tantos años volcado en su profesión.

De esta manera, la paternidad introduce una prioridad que no puede resolverse únicamente trabajando más. Estar presente requiere reservar tiempo y aceptar que la jornada tiene límites. En su conversación, el chef expresó con claridad qué quiere hacer con ese espacio familiar: “Les quiero ver crecer, enseñarles desde mi prisma qué les puede hacer daño y qué les puede ayudar a aprender”.
Aprender a convivir con otra forma de entender el trabajo
Su reflexión también deja ver el peso de una identidad construida alrededor del esfuerzo. Cruz se reconoce en una manera de vivir la cocina en la que las jornadas largas se asociaban con la entrega al oficio. Ahora debe relacionarse con otras prioridades, tanto dentro de sus equipos como en casa. Ese cambio le obliga a revisar cómo organiza sus responsabilidades y qué espera de los demás.
Así pues, sus palabras muestran una conciliación que todavía está aprendiendo a construir. Quiere seguir implicado en sus proyectos y acompañar el crecimiento de sus hijos, dos deseos que compiten por las mismas horas. Encontrar una organización que permita sostener ambos es el desafío personal que aparece detrás de su reflexión sobre las jornadas, la familia y el trabajo.