Jiajun Yin, un joven de origen chino residente en Barcelona, lanza una afirmación que rompe con una idea bastante extendida sobre los bazares: “Nosotros no compramos nunca productos de nuestros propios bazares”. La frase, que ha generado curiosidad y debate, resume una realidad que muchos miembros de la comunidad china comparten cuando hablan de sus propios hábitos de consumo.

La explicación, según apunta el propio Jiajun, es mucho más simple de lo que parece. Los bazares cumplen una función muy concreta a la hora de ofrecer productos baratos, de uso rápido y pensados para resolver necesidades inmediatas sin pensar en el largo plazo. Pero cuando se trata de compras importantes, la estrategia cambia por completo, ya que lo que prima es la calidad.

Dónde compran realmente los productos de valor

En artículos relevantes para el hogar o la tecnología, la preferencia suele dirigirse a comercios especializados que vendan productos de calidad. Electrodomésticos, dispositivos electrónicos o productos que deben durar años rara vez se adquieren en bazares. El motivo principal es la durabilidad y la garantía que ofrecen. La lógica que si lo que se busca es fiabilidad, se acude a tiendas con asesoramiento técnico, marcas reconocidas y políticas de devolución. No se trata de una crítica a los bazares, sino de una diferenciación práctica entre productos de bajo coste y compras de largo recorrido.

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Un joven chino explica por qué de pequeño no compraba en bazares chinos 😅 #humor #humorentiktok #chinos #bazar #bazares

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Este comportamiento no es exclusivo de la comunidad china. Muchos consumidores aplican el mismo criterio al acudir a los bazares para compras puntuales o accesorios y a tiendas especializadas para inversiones más serias. Sin embargo, lo que cuenta Jiajun es una realidad que confirma lo que muchos piensan.

Precio bajo no siempre significa ahorro

Uno de los puntos que subraya Jiajun Yin es la relación entre precio y vida útil. Un artículo muy barato puede parecer atractivo en el momento, pero si debe reemplazarse con frecuencia, el gasto acumulado termina siendo mayor. En cambio, pagar algo más por un producto resistente puede resultar más rentable. En este sentido, la decisión de evitar bazares para ciertos productos responde a una lógica económica. No es una cuestión cultural ni ideológica, sino de calcular cuánto durará el objeto y cuánto costará realmente a lo largo del tiempo.

La afirmación resulta llamativa porque desmonta un tópico habitual. Lejos de ser clientes prioritarios de estos establecimientos, muchos ciudadanos chinos distinguen claramente cuándo conviene comprar en un bazar y cuándo es mejor acudir a otro tipo de comercio. Una diferencia que, en la práctica, responde a la misma lógica que utilizan millones de consumidores cada día.