Enjuagarse la boca con agua justo después de cepillarse los dientes es un gesto que muchísima gente hace de manera automática. Sin embargo, Janira Sánchez, odontóloga y ortodoncista, advierte de que esa costumbre puede reducir parte del efecto protector del dentífrico. “Si te enjuagas con agua estarás eliminando todos los principios activos que no deberían irse por el desagüe”, explicó en uno de sus vídeos sobre higiene bucal.
La especialista pone el foco especialmente en el flúor. Después del cepillado, este ingrediente queda en contacto con la superficie dental y ayuda a reforzar el esmalte. Si inmediatamente después utilizamos abundante agua para eliminar cualquier resto de pasta, también reducimos la cantidad de flúor que permanece en la boca y, con ello, el tiempo durante el que puede actuar.
Escupir la pasta puede ser suficiente
La recomendación que se desprende de este consejo es mucho más sencilla de lo que parece: después de cepillarse, basta con escupir bien el exceso de dentífrico sin realizar un enjuague intenso con agua. Puede resultar extraño al principio, especialmente para quienes llevan toda la vida terminando el cepillado de otra manera, pero precisamente Sánchez reconoce que fue uno de los hábitos que más le costó cambiar personalmente.

La odontóloga utiliza incluso una comparación con las rutinas de cuidado facial. Si aplicamos un producto sobre la piel esperando que sus ingredientes permanezcan allí y actúen, no tendría demasiado sentido retirarlo inmediatamente con agua. Su argumento es que con determinados componentes de la pasta dental ocurre algo parecido.
El flúor necesita permanecer sobre los dientes
El flúor es uno de los ingredientes más importantes de los dentífricos destinados a prevenir la caries. Su presencia contribuye a fortalecer el esmalte y favorecer procesos de remineralización, por lo que mantenerlo durante más tiempo sobre los dientes puede aumentar el efecto protector del cepillado. Eso tampoco significa que haya que tragarse la pasta dental. La idea es eliminar el exceso escupiéndolo y evitar después un enjuague abundante que arrastre inmediatamente lo que queda sobre los dientes.
Sánchez también ha insistido en otros pequeños detalles de la rutina, como no mojar necesariamente el cepillo antes de aplicar la pasta y utilizar un cepillo suave para evitar dañar encías y esmalte. La clave, por tanto, está en un gesto mínimo. Después de lavarte los dientes, no hace falta llenar inmediatamente la boca de agua. Escupir el exceso y dejar que el flúor permanezca durante más tiempo puede ayudar a aprovechar mejor el dentífrico que acabas de utilizar.