Jair Domínguez explica por qué vive lejos de Barcelona: “No quería que mis hijos vivieran aquí de pequeños”

Jair Domínguez tenía claro dónde no quería criar a sus hijos: en Barcelona. El guionista y humorista lo explicó en una entrevista con VilaWeb, al recordar su decisión de establecerse fuera de la ciudad. Su preferencia estaba vinculada a su propia infancia y a una convicción personal: “No quería que mis hijos vivieran aquí de pequeños”. Para mantener esa elección, buscó fórmulas que le permitieran trabajar a distancia.

Aunque nació en la capital catalana, su familia abandonó el Poblenou cuando él tenía cinco años y se trasladó a Garrigàs, en el Empordà. Ese cambio marcó su relación con el lugar donde quería vivir después. En la conversación, Domínguez expresó una valoración negativa de su experiencia infantil en la ciudad y explicó que no deseaba ese mismo entorno para sus hijos. Su elección residencial partía, por tanto, de un recuerdo propio.

Buscó trabajar desde el Empordà para evitar viajes diarios

La decisión familiar tuvo consecuencias prácticas para su actividad profesional. Jair empezó a preguntar a sus responsables de la radio si existía algún sistema que le permitiera intervenir desde fuera de Barcelona, sin tener que desplazarse cada día. Según contó, la solución técnica era más sencilla de lo que inicialmente parecía. Recordó aquel proceso con satisfacción por haber recurrido al trabajo a distancia antes de que se generalizara.

Jair Dominguez, TV3
Jair Dominguez, TV3

Eso no eliminó todos sus desplazamientos. En una conversación en El suplement, de Catalunya Ràdio, explicó que vivía en Vilafant, junto a Figueres, y viajaba a la capital por sus compromisos de radio y televisión. Entonces hacía el trayecto al menos cuatro días por semana. La distancia formaba parte de su rutina porque había elegido mantener su vivienda lejos de los centros de trabajo.

Tres horas de carretera para mantener su elección

En aquella entrevista con Roger Escapa, reconoció que los viajes suponían prácticamente tres horas diarias de carretera. También explicó por qué no resolvía el recorrido con el tren de alta velocidad: la conexión con Sant Joan Despí no le resultaba conveniente. Optaba por el coche para combinar su preferencia por vivir en el Empordà con una actividad profesional que lo llevaba repetidamente al área de Barcelona durante la semana.

Su manera de afrontar el trayecto incluía tomárselo con calma. Con el tiempo, decía, la percepción de las distancias cambiaba y aquella hora y media por sentido resultaba más llevadera. El desplazamiento era el coste cotidiano de una elección que mantenía: conservar su vida familiar fuera de Barcelona y acudir a la ciudad cuando el trabajo requería su presencia en los estudios.