Jair Domínguez nació en Barcelona, pero su infancia transcurrió en el Empordà. A los cuatro años, sus padres se trasladaron a Garrigàs, un pueblo que recuerda con calles todavía sin asfaltar y muy pocos habitantes. Aquel cambio dejó una huella que ayuda a entender su vínculo con la comarca como lo es vivir lejos de la capital era algo que conocía desde pequeño, mucho antes de trabajar en televisión.
Su relación con Barcelona continuó después, aunque con una diferencia entre visitarla y establecerse allí. “Me gusta venir a Barcelona, pero es demasiado caro vivir aquí”, explicó en una entrevista con VilaWeb. Entonces vivía en Vilafant y recordaba que los alquileres ya le habían parecido desorbitados cuando se marchó. El precio de tener un techo pesaba en su manera de valorar la ciudad.
Una infancia de pueblo que recuerda con cariño
En este sentido, su historia con el Empordà empezó con una decisión familiar. El traslado a Garrigàs lo llevó de Barcelona a un entorno pequeño, con una forma de hablar a la que tuvo que acostumbrarse. Al evocar aquellos años, describía una infancia feliz. Ese recuerdo aporta una explicación personal a su arraigo: la comarca forma parte de su vida desde los primeros años.

Más adelante regresó a Barcelona para estudiar, de modo que su recorrido incluyó ambos escenarios. Él mismo explicaba con humor esa pertenencia compartida: para unos era de ciudad y para otros, de pueblo. Esa sensación permite entender que conservara el gusto por volver a Barcelona y, al mismo tiempo, encontrara motivos para vivir fuera. Conocía las dos experiencias y también las dificultades de instalarse en la capital.
Vilafant, otra cara del Empordà
Vilafant, el municipio donde residía cuando concedió aquella entrevista, ofrece un Empordà distinto al de las calas y los pueblos de costa. Su patrimonio incluye Palol Sabaldòria, un antiguo núcleo situado junto al río Manol. Allí se conservan restos de la iglesia prerrománica de Sant Miquel, del castillo medieval y de otras construcciones que permiten acercarse a la historia del lugar.
Así pues, el escenario empordanés de Domínguez tiene calles, pueblos y recuerdos concretos. Garrigàs aparece ligado a su infancia; Vilafant, a una etapa adulta en la que seguía manteniendo una relación de idas y venidas con Barcelona. Entre ambos lugares se dibuja una vida vinculada al interior de la comarca, donde el entorno del Manol y su patrimonio ofrecen también razones para detenerse y conocerlo.