Jair Domínguez ha hablado sin filtros sobre una idea que, según él, se ha instalado con demasiada fuerza en la crianza actual: que el principal objetivo de los padres debe ser que sus hijos sean felices. El comunicador considera que esa frase, aunque parte de una intención positiva, puede convertirse en un problema cuando se traduce en evitar cualquier frustración, esfuerzo o responsabilidad.
“El gran mantra de la sociedad actual es ‘quiero que mi hijo sea feliz’”, explica. Para Domínguez, querer el bienestar de un hijo es lógico, pero repetirle constantemente que su felicidad está por encima de todo puede generar expectativas poco realistas. Cree que crecer también implica enfrentarse a límites, asumir obligaciones y aceptar que no todo será cómodo ni agradable.
Domínguez critica una educación sin frustración
El presentador catalán pone el foco especialmente en adolescentes que, según observa, crecen sabiendo que siempre tendrán una red de seguridad. Habla de jóvenes que dan por hecho que sus padres les ayudarán económicamente o que recibirán una herencia suficiente como para no preocuparse demasiado por construir su propio camino.

Su crítica no va tanto contra los jóvenes como contra el modelo educativo que los rodea. Domínguez considera que proteger demasiado puede acabar debilitando capacidades básicas como la autonomía, la disciplina o la tolerancia a la frustración. De ahí su frase más provocadora: “Estamos criando una generación de gilipollas”.
También cuestiona cómo utilizan las nuevas herramientas
Como padre, reconoce que intenta aplicar esta visión en casa. No pretende que sus hijos sufran, pero sí que entiendan que la vida exige esfuerzo y que no todo se resuelve de manera inmediata. Para él, educar también significa enseñar a responsabilizarse de las propias decisiones y a aprovechar las oportunidades disponibles.
Domínguez señala además la cantidad de herramientas audiovisuales y tecnológicas que tienen hoy los jóvenes a su alcance. Las considera “despampanantes”, pero lamenta que muchas veces se utilicen únicamente para entretenimiento superficial. Su reflexión final es clara: tener más recursos no garantiza aprovecharlos mejor. Para él, la responsabilidad de los padres está en acompañar, pero también en exigir, poner límites y evitar que la comodidad se convierta en una forma de dependencia.