Hansi Flick, sobre ser abuelo: “Soy más sensible, no me gusto en televisión, no quiero que mi nieto me vea”

Hansi Flick ha mostrado una de sus facetas más personales al hablar de cómo ha cambiado desde que es abuelo. El entrenador del Barça, habitualmente serio y muy intenso en el banquillo, reconoce que ahora observa su propio comportamiento de una manera diferente. La llegada de su nieto le ha hecho más sensible y también más consciente de la imagen que transmite cuando vive los partidos con máxima tensión.

“Me he vuelto más sensible. Cuando me veo en la televisión, no me gusta mucho. No quiero que mi nieto vea así a su abuelo. Quizás debería cambiar un poco mi comportamiento”, explicó Flick. Una confesión poco habitual en un entrenador acostumbrado a convivir con la presión, los gestos de frustración y las emociones fuertes que acompañan a cada encuentro.

Ser abuelo le ha hecho mirar el fútbol de otra manera

Flick no esconde que durante los partidos puede transformarse. La exigencia competitiva, las decisiones arbitrales o los errores de sus jugadores provocan reacciones que después, cuando las observa desde fuera, no siempre le gustan. Ahora esa autocrítica tiene un componente nuevo: piensa en cómo puede percibirlo su nieto cuando lo vea por televisión.

Hansi Flick Gamper Barça
Hansi Flick Gamper Barça

El entrenador entiende que esa sensibilidad no implica perder carácter ni rebajar su nivel de exigencia. Más bien se trata de controlar mejor ciertas reacciones y transmitir una imagen con la que se sienta más cómodo. Flick sabe que forma parte de un deporte donde todo se amplifica y donde cada gesto acaba siendo analizado desde múltiples ángulos.

Flick quiere cambiar sin perder su personalidad

La reflexión también muestra cómo determinadas etapas personales pueden modificar la manera de afrontar el trabajo. Ser abuelo ha añadido otra perspectiva a una carrera construida alrededor de la competición y la presión. Flick continúa queriendo ganar y manteniendo una enorme intensidad, pero admite que ahora se pregunta con más frecuencia si algunas de sus reacciones son realmente necesarias.

Su nieto se ha convertido así en una especie de espejo inesperado. Flick no quiere que lo vea constantemente enfadado, protestando o mostrando una versión demasiado agresiva de sí mismo. Por eso acepta que quizás tenga que cambiar algunas cosas. No para convertirse en otro entrenador, sino para encontrar un equilibrio entre la pasión con la que vive el fútbol y la imagen que quiere dejar fuera del campo.