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Cuando Hansi Flick desconecta del FC Barcelona, los focos desaparecen. El entrenador cambia los estadios por tardes tranquilas y juegos de Lego con sus cuatro nietos. Esa imagen revela sus verdaderas prioridades. El técnico alemán considera que la familia ocupa un lugar que ningún título ni ningún banquillo pueden reemplazar.

Flick no siempre observó su profesión desde esa distancia. Durante años vivió cada resultado con intensidad. Una noticia recibida en 2010 alteró definitivamente esa escala de valores. El diagnóstico de cáncer de mama de Silke, su mujer, puso su mundo patas arriba.

Hansi Flick

El golpe más duro para Hansi Flick

El entrenador reconstruye aquel periodo en el libro En este momento. Su relato muestra a un hombre desbordado, no al técnico acostumbrado a controlar cada detalle. “Me metía en la cama con lágrimas en los ojos mucho más a menudo que ella”, escribe. Flick reconoce que la enfermedad despertó un miedo que nunca había experimentado.

Silke reaccionó de otra manera. Ella conservó una serenidad que sorprendió a su marido. Hansi sufría por ella, por un futuro convertido repentinamente en incertidumbre. Mientras tanto, su esposa afrontaba el tratamiento con una fortaleza silenciosa. Él todavía admira la calma interior con la que ella atravesó aquel momento.

La Federación Alemana comprendió la gravedad de la situación. La institución permitió que Flick interrumpiera sus obligaciones. El entrenador pudo acompañar a Silke y permanecer cerca de Hannah y Kathrin. Aquel respaldo le concedió algo que entonces valía mucho más que el trabajo: tiempo junto a los suyos.

El matrimonio ya había superado otros cambios. Hansi conoció a Silke cuando ambos eran adolescentes. Se casaron en 1987. Después, una lesión aceleró la retirada del futbolista. La pareja abrió en 1995 una tienda deportiva en Bammental y mantuvo el negocio hasta 2017.

Hansi Flick

El fútbol pasó a un segundo plano

El cáncer, sin embargo, abrió una herida diferente. Flick comprendió que una persona puede controlar una táctica, pero nunca todas las circunstancias de la vida. También dejó de interpretar cada derrota como un drama personal. La experiencia le regaló humildad y gratitud, aunque el aprendizaje llegó por las malas.

El técnico reflexiona ahora sobre una sociedad que evita hablar de la muerte. Para él, reconocer que el tiempo es limitado ayuda a vivir con mayor conciencia. Los encuentros y los afectos adquirieron otra importancia. El fútbol continuó siendo su pasión, pero dejó de ser el centro absoluto de su existencia. Silke sigue representando su compañía más estable después de cuatro décadas. Sus hijas y sus nietos completan ese círculo.