Cada campaña de la Declaración de la Renta deja una duda habitual entre muchos contribuyentes: si es obligatorio presentarla cuando se tienen ingresos bajos. La norma general indica que quienes cobran menos de 22.000 euros al año de un solo pagador no están obligados a hacerla, pero los expertos fiscales y la propia Hacienda coinciden en una recomendación, ya que presentarla puede ser beneficioso.

El motivo es sencillo. Aunque no exista obligación legal para hacero, en muchos casos el resultado de la declaración sale a devolver. Es decir, el contribuyente puede recuperar dinero que ya ha pagado a lo largo del año sin darse cuenta. Un dinero que, de no hacer la Renta, se habría perdido.

Puedes recuperar dinero aunque no estés obligado

El sistema del IRPF funciona mediante retenciones que realiza la empresa en la nómina. Estas retenciones son una estimación de lo que deberías pagar en función de tus ingresos, pero no siempre reflejan con exactitud tu situación real.

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Cuando haces la declaración, Hacienda recalcula el impuesto teniendo en cuenta todos los factores personales, como los ingresos totales, las deducciones aplicables o los mínimos personales y familiares. En el caso de los sueldos más bajos, el llamado mínimo personal reduce mucho la cantidad de IRPF que realmente corresponde pagar. Por eso, si durante el año te han aplicado pequeñas retenciones, lo habitual es que te hayan retenido más de lo necesario.

Un resultado habitual suele ser la devolución

Este desajuste entre lo retenido y lo que realmente corresponde pagar es lo que provoca que muchas declaraciones salgan a devolver. Por ejemplo, una persona con un sueldo anual de 18.000 euros puede haber tenido retenciones de unos 300 euros, cuando en realidad su IRPF real debería ser mucho menor. En ese caso, al hacer la declaración, Hacienda puede devolver parte de ese dinero, en ocasiones entre 200 y 250 euros, dependiendo de cada situación.

Por eso, aunque no sea obligatorio, los expertos insisten en que merece la pena revisar el borrador y presentar la declaración. En muchos casos, no hacerlo significa renunciar a una devolución que corresponde al contribuyente. Así, la recomendación es que si cobras menos de 22.000 euros, hacer la Renta no suele ser una obligación, pero sí una oportunidad para recuperar dinero.