Gabriel Jesús comienza una etapa en el FC Barcelona. El delantero brasileño ya ha celebrado su primer gol como azulgrana. Un futbolista tras el cual existe una historia marcada por una ausencia. Su padre abandonó el hogar y dejó una pregunta que acompañó a Gabriel durante su infancia.
El jugador recordó aquel dolor en una entrevista a The Players’ Tribune. Gabriel tenía ocho o nueve años y jugaba en la calle con sus amigos. Los padres de otros niños se acercaban y participaban en los partidos. Él observaba aquellas escenas y se preguntaba por qué su padre no estaba allí.

La ausencia de su padre marcó su infancia
La comparación resultaba inevitable. Sus amigos compartían el balón, las bromas y los consejos con sus padres. Gabriel deseaba vivir esa experiencia. “Los padres de mis amigos jugaban al fútbol, yo preguntaba dónde estaba el mío”, explicó. El niño tuvo que aprender a convivir con una ausencia que no conseguía entender.
Su madre cargó con todas las responsabilidades. Ella trabajaba limpiando casas y pasaba muchas horas fuera. Cuando el pequeño se acostaba, ella todavía no había regresado. Ese esfuerzo convirtió a su madre en imprescindible. Gabriel entendió con el tiempo por qué apenas podía verla durante ciertos días. No faltaba cariño. Faltaban horas. Ella sacrificaba su tiempo para asegurar que sus hijos tuvieran comida, estudios y oportunidades.
El fútbol terminó abriendo una puerta. Gabriel debutó con el Palmeiras cuando tenía 17 años. El delantero necesitó dos temporadas para llamar la atención de Europa. El Manchester City pagó cerca de 35 millones de euros por su fichaje. Pep Guardiola recibió a un atacante joven que había aprendido a luchar desde niño.

Gabriel Jesús tiene muy claros sus orígenes
Su paso por Inglaterra confirmó su crecimiento. Gabriel ganó experiencia y títulos con el Manchester City. Después se incorporó al Arsenal de Mikel Arteta. El brasileño volvió a sentirse importante y amplió su recorrido en la Premier League. Cada cambio demostró la perseverancia de un jugador acostumbrado a superar obstáculos.
La selección también formaba parte de sus sueños. Gabriel pasó de preparar las calles de su ciudad para los Mundiales a vestir la camiseta de Brasil. El delantero ganó el oro olímpico en Río 2016 y compartió equipo con Neymar. Dos años después disputó el Mundial de Rusia.
El éxito no puede cambiar el pasado. Gabriel nunca tuvo a su padre junto al campo como sus amigos. Pero encontró en su madre un ejemplo de sacrificio. Ella hizo de padre y madre, mientras él convirtió aquella carencia en fuerza para perseguir sus sueños. El nuevo azulgrana sabe muy bien de dónde viene.