Francesc Mauri advirtió de que el tren del Maresme tiene un problema de futuro por su ubicación junto al mar. En una entrevista publicada en Crític, el meteorólogo situó su pronóstico en un horizonte de treinta o cuarenta años: “Tal y como está ahora, de aquí a 30 o 40 años no será operativa”. Se refería al trazado ferroviario que recorre la costa, expuesto a la evolución del litoral.
Su reflexión partía de la pérdida de arena de las playas y de las dificultades de mantener infraestructuras en primera línea. La proximidad al mar, que hace tan reconocible este recorrido, obliga también a pensar cómo protegerlo. Para quienes utilizan el tren para trabajar, estudiar o desplazarse entre municipios, ese debate afecta a algo tan cotidiano como poder seguir contando con una conexión accesible y fiable.
Una línea expuesta al oleaje y a la erosión
En este sentido, la vulnerabilidad del trazado también aparece en trabajos técnicos. Un estudio sobre el frente costero del Maresme analiza la cercanía y la baja cota de la vía. El objetivo del mismo es plantear mejoras en sus defensas para evitar que el oleaje y la subida del nivel del mar condicionen la explotación ferroviaria, con un horizonte situado en 2050.

De esta manera, proteger el servicio exige mirar más allá de la reparación de cada desperfecto. Las actuaciones deben considerar cómo cambia la costa y qué condiciones tendrá que soportar la infraestructura durante las próximas décadas. Esa planificación afecta tanto a la seguridad del recorrido como a su continuidad: las decisiones que se adopten deben servir para conservar una conexión útil durante muchos años.
Alejar las vías también plantea dificultades
Mauri abordó en aquella entrevista la posibilidad de llevar el tren hacia el interior, cerca de la autopista o más arriba. Sin embargo, también planteó el problema de acceso que supondría alejar las estaciones de los núcleos urbanos. Su reflexión introduce una cuestión fundamental: trasladar una infraestructura requiere pensar cómo llegarán hasta ella las personas que hoy la tienen cerca de casa.
Así pues, el aviso del meteorólogo conecta la adaptación climática con los hábitos diarios. Mantener el tren junto al mar requiere protegerlo; estudiar otro recorrido obliga a resolver desplazamientos y conexiones. Para el usuario, ambas cuestiones terminan en la misma necesidad: disponer de un transporte público al que resulte sencillo llegar y que pueda seguir funcionando.