Ferran Adrià, sobre su padre y la cocina moderna: "Me dijo que esto es para los gatos"

Ferran Adrià ha contado en más de una ocasión que la revolución gastronómica que impulsó desde elBulli no siempre fue comprendida ni siquiera dentro de su propia familia. Su padre, acostumbrado a una cocina mucho más tradicional, veía algunos de aquellos platos mínimos, técnicos y visualmente sorprendentes con una mezcla de incredulidad y distancia.

“Esto es para los gatos”, llegó a decirle al contemplar una de sus propuestas. La frase resume perfectamente el choque entre dos maneras de entender la comida. Para Adrià, cada plato era investigación, lenguaje y creatividad. Para su padre, comer seguía significando encontrar una ración reconocible, contundente y capaz de saciar sin necesidad de ninguna explicación previa.

Su padre representaba al comensal tradicional

Adrià nunca interpretó aquella reacción únicamente como una crítica. En cierto modo, su padre representaba a miles de personas que no entendían por qué un restaurante podía servir espumas, esferificaciones, gelatinas o pequeñas elaboraciones alejadas de la cocina doméstica. El cocinero sabía que estaba rompiendo códigos y que esa transformación generaría rechazo antes de convertirse en referencia.

Ferran Adrià, TV3
Ferran Adrià, TV3

El contraste también le permitía comprobar hasta qué punto había cambiado su propia visión. Había empezado en la cocina casi por casualidad y terminó defendiendo que cocinar podía ser una disciplina creativa comparable con otras artes. Su padre, en cambio, mantenía una relación mucho más directa con la comida: un plato debía reconocerse, disfrutarse y alimentar sin convertirse en un ejercicio intelectual.

La incomprensión también formó parte de la revolución

Aquella diferencia no impidió que Adrià siguiera avanzando. Al contrario, las reacciones de sorpresa confirmaban que estaba explorando territorios nuevos. elBulli acabó transformando la gastronomía internacional precisamente porque se atrevió a cuestionar formatos, texturas, temperaturas y conceptos que parecían intocables. Lo que inicialmente podía parecer extraño terminó influyendo en cocinas de todo el mundo.

La frase de su padre permanece como una de las mejores imágenes de aquel cambio. No hacía falta ser enemigo de la innovación para no comprenderla inmediatamente. Adrià convivió con esa distancia incluso en casa y aprendió que crear algo nuevo implica aceptar que mucha gente lo rechazará antes de entenderlo. Su padre miraba aquellos platos y pensaba en comida para gatos; él veía un laboratorio capaz de cambiar la gastronomía. Entre ambas miradas existía una distancia enorme, pero también una prueba del alcance de la revolución que estaba construyendo.