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Ferran Adrià convirtió elBulli en uno de los restaurantes más influyentes de la historia contemporánea, pero el prestigio internacional no significó automáticamente hacer fortuna con las mesas del local. El cocinero catalán ha explicado en varias ocasiones que la alta gastronomía creativa tiene unos costes enormes y que el verdadero salto económico de su carrera llegó gracias a todo el universo empresarial que construyó alrededor de su nombre, su conocimiento y la marca elBulli. Esa diferencia entre fama y rentabilidad la resumió de forma especialmente clara al hablar de cómo consiguió asegurar su situación económica.

En una entrevista con El Español publicada en mayo de 2025, Adrià explicó que actualmente vive de las rentas y que ha podido hacerlo gracias al ahorro y a una forma de vida poco derrochadora. “Aunque elBulli hacía dinero, si gané tanto no fue por el restaurante, sino por todo lo que había más allá”, reconoció. También aseguró que no tiene coche, que nunca se compró “ni un barco ni un Ferrari” y que dispone del dinero suficiente para vivir cómodamente durante el resto de su vida.

ElBulli daba prestigio, pero no era la gran fuente de dinero

La paradoja es que Adrià llegó a encontrarse en una situación económica delicada cuando ya era uno de los cocineros más reconocidos. En esa misma conversación recordó que entre 1984 y 1998 estuvo “medio arruinado”, pese a que el restaurante ya había alcanzado las tres estrellas Michelin. El enorme nivel de creatividad, personal y trabajo necesario para mantener aquel modelo hacía que el reconocimiento no se transformara automáticamente en grandes beneficios.

El propio Adrià ha explicado después que su estrategia consistió precisamente en construir un modelo de negocio donde el restaurante no fuera el principal flujo de ingresos. Publicaciones, colaboraciones, asesoramientos, proyectos con empresas, conferencias y el enorme valor generado alrededor de la marca permitieron convertir la influencia gastronómica en una estructura económicamente mucho más sólida. En una entrevista con El País reconocía abiertamente que los negocios alternativos fueron fundamentales para conseguirlo.

Ahorrar también forma parte de la explicación

Adrià tampoco atribuye su tranquilidad económica únicamente a haber generado ingresos elevados. Su explicación insiste especialmente en lo que hizo después con ese dinero. Asegura que siempre ha llevado una vida relativamente austera y que sus principales gastos son viajar y salir a comer con su mujer. De ahí su forma particular de explicar la riqueza: para él, el dinero sirve fundamentalmente para poder dejar de preocuparse por el propio dinero. Tras décadas de trabajo, sostiene que tiene “la vida arreglada”, pero rechaza asociar esa situación exclusivamente al éxito comercial de elBulli.

Su historia rompe así una idea habitual sobre los grandes chefs. Un restaurante lleno, con tres estrellas Michelin y reconocimiento mundial puede proporcionar una enorme reputación sin convertirse necesariamente en una máquina de hacer dinero. En el caso de Ferran Adrià, la verdadera fortuna llegó cuando entendió que el valor de elBulli podía extenderse mucho más allá de las mesas del restaurante.