Para muchas personas jubiladas el banco es simplemente el lugar donde entra la pensión y desde donde se pagan los recibos. Pero cada vez más expertos en finanzas personales están insistiendo en una idea que sorprende a muchos mayores, y que seguir muchos años en la misma entidad puede acabar saliendo bastante más caro de lo que parece.
Y es que hay jubilados que mantienen cuentas abiertas desde hace décadas sin revisar condiciones, comisiones ni productos vinculados. El problema no suele ser una gran comisión puntual, sino pequeños cargos que se repiten mes a mes como mantenimiento, tarjetas, transferencias, servicios adicionales o condiciones que dejaron de cumplirse hace tiempo. Según distintos análisis del sector, las cuentas no bonificadas pueden alcanzar costes medios de alrededor de 170 euros al año e incluso superar los 200 en algunos casos.
El error más común no está en la pensión, sino en la cuenta
La realidad es que muchas entidades ofrecen condiciones específicas para quienes domicilian la pensión, pero no siempre se aplican automáticamente ni todos los clientes las revisan.

Además, hay otro detalle que afecta especialmente a personas mayores como lo es el uso de la oficina física. Asociaciones de consumidores llevan tiempo señalando que algunos clientes terminan pagando más por realizar determinadas operaciones presencialmente en lugar de usar canales digitales. En algunos estudios se han observado diferencias que pueden superar los 100 euros anuales. También ocurre que algunas cuentas dejan de estar exentas de comisiones porque se pierde alguna condición concreta sin que el cliente lo detecte como lo es mantener determinados recibos, usar la tarjeta ciertas veces o cumplir requisitos adicionales.
Lo que recomiendan revisar antes de cambiar de banco
Los especialistas suelen recomendar mirar tres cosas antes de decidir: cuánto cuesta mantener la cuenta, qué servicios se usan de verdad y si existen alternativas sin comisiones adaptadas al perfil del pensionista, algo muuy habitual. No siempre hace falta cambiar de entidad. En algunos casos basta con renegociar condiciones o mover la pensión a otro producto del mismo banco.
Así pues, cada vez más expertos recuerdan que una pensión ajustada no solo depende de cuánto se cobra, sino también de cuánto se deja escapar sin darse cuenta. Y revisar una cuenta bancaria que lleva años sin tocarse puede acabar suponiendo un ahorro mucho mayor del que muchos imaginan.