En muchas zonas rurales del norte de China, el invierno puede ser extremadamente frío. Durante siglos, las familias han utilizado un sistema de calefacción doméstica tan simple como ingenioso. Se trata del Kang, una gran estructura de ladrillo o arcilla que sirve al mismo tiempo como cama, banco y fuente de calor.

Este sistema tradicional ocupa una parte importante de la habitación y está diseñado para mantener el calor durante horas sin necesidad de radiadores ni calefacción moderna. Gracias a su funcionamiento, el Kang ha sido durante generaciones uno de los métodos más eficientes para combatir el frío en los hogares del norte del país.

Una cama gigante que también calienta la casa

El Kang es básicamente una plataforma elevada, construida con ladrillo, barro o arcilla, que puede medir alrededor de dos metros de ancho y ocupar buena parte de la habitación principal de la casa. Sobre su superficie se colocan colchones, mantas o alfombras, lo que permite utilizarlo como cama durante la noche o como banco durante el día.

2151050945
2151050945

La clave de su funcionamiento está en el sistema interno de canales. Bajo la plataforma circula el humo procedente de una pequeña estufa o de la cocina de leña de la vivienda. Ese humo caliente atraviesa el interior de la estructura antes de salir por una chimenea. Mientras circula, el calor se acumula en los ladrillos o en la arcilla, que actúan como una enorme batería térmica capaz de mantener la temperatura durante muchas horas incluso cuando el fuego ya se ha apagado.

Un sistema milenario que sigue utilizándose

Este método de calefacción se utiliza desde hace siglos en regiones frías del norte de China, donde los inviernos pueden ser especialmente duros. Su gran ventaja es que aprovecha el calor que ya se genera al cocinar, evitando desperdiciar energía. Además de ser eficiente, el Kang forma parte de la vida cotidiana de muchas familias. No solo se usa para dormir, también es el lugar donde se sientan a comer, conversar o descansar durante el día.

En los últimos años, algunos arquitectos y expertos en sostenibilidad han vuelto a interesarse por este sistema tradicional. Su capacidad para almacenar calor de forma natural y reducir el consumo energético lo convierte en un ejemplo de cómo las soluciones antiguas pueden inspirar formas más sostenibles de calentar las viviendas modernas.