Encarni, jubilada que vive de alquiler: “Con mi pensión, tuve que poner a mis tres hijos de avales”

Encarni tiene 83 años y, después de toda una vida trabajando, se ha encontrado con un problema que cada vez afecta a más jubilados: demostrar que puede pagar un alquiler pese a tener unos ingresos fijos. Su pensión no ha sido suficiente para convencer al propietario y ha tenido que recurrir a sus tres hijos para conseguir las garantías necesarias.

Su caso fue recogido por El Español, donde explica la situación con claridad: “Tengo tres hijos y a todos tuve que ponerlos de avalistas”. La jubilada asegura que el alquiler ha ido creciendo mientras su pensión no lo ha hecho al mismo ritmo, una combinación que ha ido estrechando cada vez más su economía doméstica.

Tres hijos como aval para poder seguir de alquiler

El problema no está únicamente en pagar la mensualidad. Encarni explica que, pese a llevar décadas cumpliendo con sus obligaciones, el mercado le exige garantías adicionales simplemente porque sus ingresos proceden de una pensión. Para un jubilado, no existe una nómina que aumente con los años ni demasiada capacidad para buscar ingresos adicionales. Por eso, cuando el alquiler sube, cada actualización tiene un efecto directo sobre lo que queda disponible para comida, suministros y otros gastos básicos.

Un jubilado residente en el extranjero. Foto Simon Hurry Unsplash
Un jubilado residente en el extranjero. Foto Simon Hurry Unsplash

Encarni reconoce además que su historial como inquilina no ha sido suficiente para evitar esas exigencias. Tener tres hijos dispuestos a avalarla ha permitido que pueda continuar viviendo en la casa, pero su caso evidencia una realidad incómoda: algunos padres terminan dependiendo económicamente de sus hijos justo cuando esperaban haber alcanzado una etapa de mayor estabilidad.

Una residencia tampoco aparece como alternativa

Cuando piensa en otras opciones, Encarni tampoco encuentra una solución sencilla. En la misma información critica que muchas veces se plantee una residencia como alternativa natural para las personas mayores que no pueden asumir el alquiler. “La única solución que te dan es que te vayas a una residencia”, explica, antes de recordar que esos centros también pueden tener precios difíciles de afrontar con una pensión convencional. Su situación termina así atrapada entre dos costes elevados: mantener una vivienda de alquiler o asumir el precio de una plaza residencial.

Encarni no reclama una casa gratuita ni privilegios especiales. Lo que pone sobre la mesa es algo mucho más básico: después de años cotizando y pagando, necesita a sus propios hijos como garantía para poder seguir viviendo de alquiler. Y esa dependencia resume hasta qué punto la vivienda también se está convirtiendo en un problema para quienes ya han terminado su vida laboral.