Suecia se ha convertido en uno de los países más avanzados en construcción sostenible gracias a un modelo que rompe con la idea tradicional del hormigón. Aunque a menudo se habla de hormigón de madera, la realidad es que el país apuesta por la llamada ingeniería en madera, utilizando materiales como la madera contralaminada o la madera laminada encolada.

Y es que estos sistemas no solo compiten directamente con el hormigón o el acero, sino que ofrecen ventajas clave en sostenibilidad y eficiencia. En un contexto de lucha contra el cambio climático, Suecia ha encontrado en la madera estructural una solución capaz de reducir emisiones sin comprometer la seguridad.

La resistencia al fuego es la clave que rompe el mito

La realidad es que uno de los mayores prejuicios sobre la madera es su comportamiento ante el fuego. Sin embargo, los edificios construidos con CLT están diseñados para reaccionar de forma controlada en caso de incendio.

Casa en Suecia
Casa en Suecia

De este modo, la madera no arde de forma rápida e incontrolada como se podría pensar. En su lugar, se carboniza lentamente en la superficie, creando una capa protectora que actúa como barrera y mantiene intacta la estructura interior durante más tiempo. Esto permite retrasar el colapso del edificio y facilita la evacuación.

Un modelo sostenible que ya es una realidad

Y es que este sistema no es experimental. Suecia lleva décadas desarrollando normativa específica, y desde 1994 permite construir edificios de madera en altura siempre que cumplan estrictos requisitos de seguridad. La realidad es que proyectos como Stockholm Wood City reflejan esta apuesta. Se trata del mayor desarrollo urbano en madera del mundo, con edificios que comenzarán a levantarse en los próximos años y que buscan ser climáticamente neutros o incluso negativos en emisiones.

Además, la madera utilizada procede en su mayoría de bosques gestionados de forma sostenible, lo que permite almacenar CO2 en lugar de emitirlo, a diferencia de materiales como el cemento o el acero. Así pues, Suecia demuestra que es posible construir ciudades más sostenibles sin renunciar a la seguridad. Un modelo que combina innovación, eficiencia y respeto ambiental, y que podría marcar el futuro de la arquitectura en todo el mundo.