Los economistas explican por qué no es recomendable que los jubilados siempre paguen con efectivo

Pagar todas las compras en efectivo puede parecer una buena forma de controlar el dinero, pero los economistas advierten de que no siempre es así. Cuando se utilizan billetes y monedas, resulta fácil olvidar cuánto se ha gastado, en qué establecimiento y con qué frecuencia. En cambio, los pagos con tarjeta quedan registrados automáticamente y permiten revisar con precisión cómo se distribuye la pensión durante el mes.

Y es que los pequeños gastos diarios pueden pasar desapercibidos. Un café, una compra rápida, varios desplazamientos o una visita al supermercado parecen cantidades reducidas por separado, pero al final del mes pueden representar una parte importante del presupuesto. Cuando se paga en efectivo, reconstruir todos esos movimientos exige guardar los recibos y apuntar cada operación, algo que pocas personas hacen de forma constante.

La tarjeta permite saber dónde se va el dinero

La realidad es que los extractos bancarios funcionan como un registro automático de los gastos. El jubilado puede consultar cuánto ha pagado, en qué fecha y en qué comercio, lo que facilita detectar hábitos que están reduciendo sus ahorros. También permite comparar meses y comprobar si han aumentado los gastos en alimentación, transporte, ocio o suministros.

dinero efectivo monedas europa press
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De este modo, la tarjeta puede convertirse en una herramienta de control financiero. Revisar los movimientos una vez por semana ayuda a identificar compras repetidas, suscripciones olvidadas, cobros duplicados o importes que no se reconocen. Con el efectivo, esos errores son mucho más difíciles de localizar porque el dinero simplemente desaparece de la cartera. Además, los pagos electrónicos dejan un justificante útil cuando hay que devolver una compra o reclamar un servicio. También reducen el riesgo de llevar grandes cantidades de efectivo encima.

El efectivo puede reservarse para gastos concretos

Eso no significa que los jubilados deban dejar de utilizar dinero en metálico. Puede resultar práctico para pequeñas compras, mercados, propinas o situaciones en las que la tarjeta no funciona. La clave está en no convertirlo en el único método de pago. Una opción útil consiste en retirar una cantidad limitada para gastos cotidianos y utilizar la tarjeta para el resto. Así se conserva la comodidad del efectivo, pero se mantiene registrado el grueso de los movimientos.

Así pues, pagar con tarjeta puede ofrecer más control que utilizar siempre efectivo. Cada operación queda anotada, puede clasificarse y permite comprobar en qué se está gastando la pensión. Para muchos jubilados, revisar ese registro puede ser la forma más sencilla de ordenar sus cuentas y evitar que los pequeños gastos se acumulen sin darse cuenta.