Dejar de trabajar alrededor de los 50 años y vivir de los ahorros hasta alcanzar la edad de jubilación no es imposible, pero exige haber acumulado un patrimonio importante y controlar muy bien los gastos. La clave está en entender que abandonar voluntariamente el empleo no significa jubilarse: durante esos años todavía no se cobra una pensión y todos los gastos deben salir del patrimonio disponible.
También hay otro problema que no conviene olvidar: dejar de trabajar supone normalmente dejar de cotizar. Para proteger la futura pensión existe el convenio especial con la Seguridad Social, mediante el cual una persona puede continuar cotizando por su cuenta. Con carácter general, para acceder se exige haber acumulado al menos 1.080 días cotizados durante los doce años anteriores a la baja.
Los ahorros deben cubrir muchos más gastos que la vida diaria
Un ejemplo permite entender la magnitud de la decisión. Una persona que deje de trabajar a los 55 años, necesite unos 1.500 euros mensuales para vivir y destine además alrededor de 550 euros cada mes a mantener su cotización necesitaría aproximadamente 2.050 euros mensuales. Durante diez años, eso se acerca a los 250.000 euros si no se obtiene ninguna rentabilidad.
La cifra puede variar muchísimo. Tener la vivienda pagada, pocos gastos fijos o determinadas rentas reduce el capital necesario. Por el contrario, alquiler, hipoteca, hijos a cargo, inflación o gastos imprevistos pueden elevarlo. Tampoco conviene construir el plan suponiendo que las inversiones ofrecerán todos los años una rentabilidad determinada.
Llegar a los 65 dependerá también de los años cotizados
A partir de 2027, la edad ordinaria será de 65 años para quienes acrediten al menos 38 años y seis meses cotizados y de 67 para quienes no alcancen ese periodo. Por eso alguien que abandone el trabajo con suficientes años acumulados podría utilizar el convenio para completar la carrera necesaria y llegar a la pensión sin volver al mercado laboral.
Antes de tomar una decisión así resulta fundamental revisar la vida laboral, estimar los gastos reales y calcular cuánto costaría mantener las cotizaciones. Dejar de trabajar a los 50 o 55 puede ser viable para determinadas personas, especialmente con vivienda pagada y un patrimonio elevado, pero necesita planificación. La libertad de tiempo puede comprarse con ahorros, aunque hacerlo sin calcular bien cuánto durarán puede convertir una retirada anticipada en un problema financiero años antes de alcanzar la jubilación.
