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Muchos jubilados conservan durante años el mismo seguro de decesos sin revisar cuánto pagan ni qué modalidad tienen contratada. Los economistas advierten de que esta póliza, asumida como un gasto fijo e intocable, puede superar los 600 euros anuales en edades avanzadas, especialmente cuando la prima aumenta con la edad y acumula coberturas que ya no se necesitan.

El problema es que muchas personas mantienen el contrato por costumbre, miedo a perder la antigüedad o desconocimiento de las condiciones. Sin embargo, no todas las pólizas funcionan igual. En las de prima natural, la cuota suele crecer conforme aumenta la edad del asegurado, mientras que las modalidades niveladas reparten el coste de forma más estable durante los años.

El seguro de decesos puede encarecerse mucho con la edad

Una cuota de 50 euros mensuales ya supone 600 euros al año. En algunos casos, el importe puede ser todavía mayor si la póliza incluye varios familiares, asistencia en viaje, servicios jurídicos u otras coberturas añadidas. La subida puede pasar desapercibida porque llega de manera gradual y se carga automáticamente en la cuenta bancaria.

Imagen de un jubilado en un parque | Europa Press

Revisar el recibo no significa cancelar inmediatamente el seguro. Antes conviene comprobar el capital cubierto, el tipo de prima, las personas incluidas y el coste real del servicio funerario en la localidad. También debe preguntarse qué ocurriría con la antigüedad acumulada si se cambia de compañía, porque una decisión precipitada puede resultar perjudicial.

Comparar la póliza puede liberar cientos de euros

Los jubilados pueden solicitar a la aseguradora un desglose completo y preguntar si existe una modalidad más económica. Eliminar coberturas duplicadas con otros seguros, sacar a familiares que ya tienen póliza propia o renegociar determinadas garantías puede reducir el recibo sin renunciar necesariamente a la protección principal.

La realidad es que el seguro de decesos no siempre sale a cuenta y tampoco debe mantenerse únicamente porque se contrató hace décadas. Cada caso exige comparar lo pagado, lo que queda cubierto y las alternativas disponibles. Revisar una cuota que supera los 600 euros puede descubrir un gasto desproporcionado, pero cancelar sin estudiar las consecuencias también sería un error. La clave está en decidir con números, no por simple costumbre. Además, conviene comparar el coste anual con el ahorro disponible y con la posibilidad de reservar directamente una cantidad para afrontar ese gasto futuro.