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Lavarse los dientes parece una de esas rutinas que hacemos casi de manera automática, pero hay un gesto muy habitual que puede reducir parte del beneficio del cepillado: enjuagarse inmediatamente con agua al terminar. La recomendación de los dentistas es sencilla: después de cepillarse con una pasta fluorada, lo mejor es escupir el exceso y evitar aclarar la boca justo después. El NHS británico señala precisamente que el agua arrastra parte del flúor concentrado que queda sobre los dientes y disminuye su efecto preventivo.

El flúor tiene un papel fundamental en la prevención de la caries porque ayuda a hacer el esmalte más resistente frente a los ácidos y favorece los procesos de remineralización. El Consejo General de Dentistas de España insiste en que la base de una correcta higiene bucodental sigue siendo cepillarse al menos dos veces al día durante unos dos minutos con una pasta fluorada.

Escupir sí, aclarar inmediatamente no

El error aparece cuando, después de esos dos minutos, llenamos la boca de agua y hacemos un enjuague intenso. Ese gesto reduce la concentración de flúor que queda en contacto con los dientes precisamente cuando podría continuar actuando durante unos minutos más.

Lavar Dientes

La recomendación práctica es mucho más sencilla de lo que parece: cepillarse, escupir la pasta sobrante y terminar ahí. La American Dental Association recoge el consejo de evitar el agua inmediatamente después y señala que dejar el flúor sobre los dientes durante un tiempo puede aumentar su efecto protector. Quien no quiera renunciar al enjuague puede hacerlo de forma muy ligera o esperar unos minutos antes.

El colutorio tampoco debe utilizarse justo después

Algo parecido sucede con el enjuague bucal. Utilizarlo inmediatamente después del cepillado no siempre aporta un beneficio adicional y algunos productos contienen menos flúor que la propia pasta, por lo que pueden diluir la concentración que acaba de quedar sobre los dientes. Además, el Consejo General de Dentistas recuerda que los colutorios no sustituyen al cepillado y deberían emplearse cuando exista una indicación concreta.

Por tanto, no hace falta complicar la rutina. Dos cepillados diarios, aproximadamente dos minutos cada uno, pasta fluorada y limpieza interdental siguen siendo la base. El pequeño cambio está al final: en lugar de aclarar inmediatamente hasta eliminar cualquier resto de pasta, basta con escupir bien. Un gesto de pocos segundos que permite que el flúor permanezca más tiempo donde realmente interesa: sobre los dientes.