Dani Rovira, sobre con su madre: “Hemos hecho las paces a lo largo de muchos años de terapia sin que lo sepa”

Dani Rovira ha hablado pocas veces con tanta claridad sobre la relación con su madre. El actor reconoce que es una de las personas que más le han marcado en su vida, pero también admite que entre ambos hubo aspectos que necesitó trabajar durante mucho tiempo. “Con mi madre he ido haciendo las paces a lo largo de muchos años de terapia sin que ella lo sepa”, explicó en una conversación con James Rhodes.

Rovira no plantea esa terapia como una ruptura con su madre, sino precisamente como una forma de comprender mejor su relación con ella. La describe como una mujer “estupenda” e “increíble”, aunque reconoce que tuvieron que arreglar muchas cosas. Parte de ese proceso, según cuenta, ocurrió dentro de él y sin necesidad de que ella participara directamente en cada reflexión.

Su madre ha sido una maestra incluso sin saberlo

El actor asegura que sus padres han sido las personas que más le han inspirado, pero coloca especialmente a su madre en el centro de muchos aprendizajes. “En todo lo bueno y en todo lo malo”, dijo al explicar hasta qué punto esa relación ha influido en su manera de entenderse a sí mismo.

Dani Rovira   GTRES
Dani Rovira GTRES

La terapia le permitió revisar determinados recuerdos y aceptar que querer profundamente a alguien no significa que todas las etapas de una relación hayan sido fáciles. Rovira explica que su madre ha terminado siendo una maestra para él muchas veces “sin ella saberlo”, una expresión que resume perfectamente ese trabajo personal realizado durante años.

Aprender a separarse también formó parte del proceso

Uno de los puntos más personales de su reflexión aparece cuando habla de distinguir el vínculo familiar de su propia identidad. El humorista reconoce que ha tenido que aprender que, aunque viene de sus padres, también debía construirse desde sí mismo. Esa separación emocional no supone alejarse, sino encontrar una relación más sana con aquello que recibió durante la infancia. Con el paso de los años, la conclusión a la que ha llegado es especialmente afectuosa. Rovira asegura que su madre continúa siendo una de las personas que más quiere y llega a definirla como “lo más casa que tengo en mi vida”.

Su confesión muestra además una realidad que muchas veces pasa desapercibida: algunos conflictos familiares pueden modificarse aunque la otra persona no participe directamente en el proceso terapéutico. Rovira no habla de olvidar lo ocurrido ni de convertir el pasado en algo perfecto. Habla de comprenderlo, recolocarlo y hacer las paces desde su propio lado. Y en su caso, asegura que ese proceso ha necesitado años.