Dani Olmo tenía 16 años cuando tomó una decisión impropia de su edad. El futbolista dejó La Masia, su entorno y sus amigos para marcharse al Dinamo de Zagreb. Croacia representaba una aventura desconocida. Olmo apenas conocía el idioma, la cultura o las costumbres del país. En una entrevista concedida a ICON, el jugador recuerda ahora aquel salto que terminó cambiando su carrera.
El Dinamo llevaba años formando talentos capaces de llegar a las grandes ligas. Ese historial convenció al joven. Olmo observó el camino de Luka Modrić, convertido en una referencia mundial. “Era un cambio grande y poco común”, reconoce. El club croata le ofrecía confianza, minutos y un proyecto pensado para crecer. La oportunidad resultaba atractiva, aunque obligaba a dejar atrás casi todo.
Dani Olmo abandonó su zona de confort para crecer como futbolista
La familia tuvo que dividirse para sostener la apuesta. Dani viajó a Zagreb junto a su madre. Su padre y su hermano permanecieron en Cataluña. La distancia convirtió cualquier dificultad en un problema mayor. “A los 16 me fui a vivir a Croacia con mi madre. Estábamos solos, hubo momentos complicados”, recuerda. Ambos tuvieron que abrirse camino sin dominar el idioma y lejos de sus apoyos habituales.
Los primeros meses pusieron a prueba la decisión. Olmo necesitaba ganarse un sitio en el vestuario. Su madre debía construir una vida nueva mientras acompañaba a su hijo. Los dos afrontaron dudas, nostalgia y días difíciles. Sin embargo, el apoyo materno evitó que el futbolista tirara la toalla. El joven siguió entrenando y la familia mantuvo el sueño vivo desde dos países diferentes.
Fue duro, pero los resultados hicieron que merciera la pena
Aquella convivencia creó una relación más estrecha. Olmo asegura que su madre recuerda esos años con emoción y que alguna lágrima aparece cuando hablan de Zagreb. “Solo ella y yo sabemos lo que vivimos en esos años”, explica. La frase resume una experiencia compartida que nunca apareció en los marcadores. Madre e hijo aprendieron a sostenerse cuando el camino se puso cuesta arriba.
El esfuerzo comenzó a dar resultados. Dani aprendió croata, se integró en el equipo y asumió responsabilidades cada vez mayores. A los 20 años ya figuraba entre los jugadores destacados del campeonato. “Tuve que aprender y madurar más rápido de lo habitual”, admite. Croacia no solo mejoró su fútbol. El país también moldeó su carácter y le enseñó a desenvolverse lejos de casa. Los resultados saltan a la vista.
