Experiencias ElNacional.cat; Viajes Viñolas y Marc Pons; han abierto la campaña de viajes culturales de autor 2026 con una salida de cuatro días a Sevilla.
Las arrugas de Sevilla

Sevilla es una bellísima dama con el rostro surcado por las “arrugas” que cuentan su historia. Y nosotros las hemos ido a recorrer con la yema de nuestros dedos. La Sevilla romana (el yacimiento arqueológico de Itálica); la Sevilla árabe (la muralla, la Giralda, la Torre del Oro y el patio de la Catedral); la Sevilla de los arquitectos castellano-leoneses y de los maestros de obras andaluces (los Reales Alcázares); la Sevilla de la Era de las Navegaciones, cuando fue la capital del mundo (el templo y la grada de la Catedral y el barrio del Arenal); y la Sevilla barroca y contrarreformista (el quemadero inquisitorial del Prado de San Sebastian, el monasterio de San Isidoro del Campo, el barrio de la Santa Cruz, las basílicas de la Macarena y de Jesús del Gran Poder y la parroquia de Santa Ana de Triana). Sevilla “caput mundi” ha sido la protagonista de nuestra primera “aventura” del año 2026.
En el siguiente viaje iremos a Dordoña. ¡Apúntate aquí y no te lo pierdas!
De un viaje en tren a un viaje en avión…, y a “San Pablo de los Catalanes”.

Aunque parezca que no puede ser, nuestra “aventura” sevillana comenzó tres días antes de salir. Renfe, por razones de seguridad —el accidente de Córdoba— cancelaba nuestros billetes de AVE adquiridos con meses de antelación; y, como es habitual en este ente ferroviario español, no nos ofreció ninguna alternativa. Afortunadamente, Viatges Viñolas, la parte organizativa de nuestro proyecto “Experiencias”, lo resolvió con celeridad, sin que esto representara ni un cambio de calendario ni un sobrecoste económico para nuestros “aventureros”. El día previsto volábamos a Sevilla e iniciábamos nuestra “aventura”. Incluso, ganamos, porque dispusimos de unas horas extras por la diferencia entre el tiempo de viaje en tren y en avión y que empleamos para conocer “San Pablo de los Catalanes”, el barrio medieval sevillano que había sido poblado por catalanes.
La magia de los Reales Alcázares

Después de una primera toma de contacto con la ciudad y de comer en uno de los establecimientos más populares de la ciudad —y más desconocidos por los forasteros—, nos adentramos en la magia de los Reales Alcázares, el gran palacio-fortaleza que construyeron arquitectos castellano-leoneses y maestros de obras andalusíes. Nuestra experiencia en los Reales Alcázares fue al atardecer, con el edificio cerrado al público y a disposición, exclusivamente, de nuestro grupo. El silencio de las grandes salas, solo roto por nuestros pasos o por el murmullo del agua que brota en las fuentes, y el juego de sombras y penumbras que fabrica la tenue luz de aquellas estancias, nos transportó a los siglos medievales y nos hizo sentir que seguíamos los pasos y las carreras de una niña llamada Yonnati Bat Geddaliah, que sería la bisabuela judía de Fernando el Católico.
La sugestiva atmósfera de la Santa Cruz, la antigua judería de Sevilla

Al día siguiente, nuestra “aventura” sevillana prosiguió en el enigmático barrio de Santa Cruz, el antiguo barrio judío de Sevilla. A primera hora, nos adentramos en la Casa de Pilatos, económica, política y social de las aristocracias latifundistas de origen medieval y su galdoso papel en la historia de Andalucía. Acto seguido, dimos una vuelta por el barrio, con el alma suspendida por aquella atmósfera de quietud que impera por todos los callejones y plazuelas, por todas las fachadas blancas, salpicadas por misteriosas rejas de forja y enigmáticas hornacinas de dramáticas figuras religiosas. Y nos detuvimos en el pequeño templo barroco de Santa María la Blanca, edificado sobre la antigua sinagoga judía generosa que, desde hace siglos, duerme oculta tras sus muros.
La Catedral cristiana y la Grada de los esclavos

Sevilla fue la capital del mundo durante la Era de las Navegaciones, a finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna. Y fue el principal centro de comercio de especias, de oro y de esclavos de la época. Antes de ingresar al interior de la catedral, subieron a la “Grada”, un zócalo de piedra que rodea y calza el edificio, y que fue el gran mercado de esclavos de aquella época. Transitando por aquel cadalso y observando las argollas y las cadenas que, todavía, cuelgan de las paredes y de las columnas, entendimos el sufrimiento y el terror que debieron experimentar aquellas personas capturadas y vendidas. Después, el interior del templo nos transportó a un escenario de riqueza y de poder. Y el ascenso a la Giralda, el campanario “exento” de la catedral, a través de su juego de rampas, nos regaló la mejor vista de la parte histórica de Sevilla.
Santa Ana de Triana y el “Real de la Feria”. Recorriendo los pasos de Bonaplata
Después de una segunda inmersión en la cultura gastronómica sevillana, cruzamos el puente de Isabel II, construido por el catalán Bonaplata, y “descubrimos” Triana, fundada por los pescadores de río medievales y nutrida por los primeros gitanos sedentarios y por los primeros esclavos liberados. Triana nos mostró su esencia (sus calles y plazas de arquitectura popular) y su alma (la parroquia de Santa Ana, el templo más antiguo de la ciudad y la sede de cuatro hermandades procesionales). Acto seguido, fuimos al Prado de San Sebastián, actualmente el “Real de la Feria”, para conocer aquel espacio que había sido el “Quemadero” de la Inquisición. Aquel lugar donde fueron asesinadas miles de personas hoy es un espacio de ocio presidido por la Plaza de España y empleado para la celebración de la Feria de Abril, creada por el catalán Bonaplata.
La levedad de Itálica y el enigma de San Isidoro

Al día siguiente proseguimos con una inmersión en el túnel del tiempo. Un transporte particular nos condujo hasta el yacimiento arqueológico de Itálica. Nos adentramos en el Anfiteatro y en sus galerías subterráneas, dominadas por un silencio que envuelve el bullicio de la multitud que, en otra época, había llenado aquellas gradas; y al Teatro, donde parece que aún es posible ver las representaciones y sentir los aplausos. Itálica nos abrió las puertas a una joya bastante desconocida: el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo. Los frescos de sus paredes y la calma que preside el ambiente de sus estancias nos explican que fue la cuna de las primeras comunidades protestantes de la península. Y el silencio que domina el ambiente nos transportó hasta el dramático final de aquella comunidad en manos de la Inquisición.

La Macarena y Jesús del Gran Poder…; y el templo de la cerveza

Las basílicas de la Macarena y de Jesús del Gran Poder completaron el relato iniciado en Santa Ana de Triana. Y después de la tercera experiencia gastronómica sevillana, le dedicamos una tarde. Estos templos, sedes de diversas hermandades procesionales de larguísima historia, nos mostraron el alma de Sevilla. Aquella alma devotamente religiosa que explica la tradición y la historia de su sociedad. Que explica el camino a lo largo de los siglos de una ciudad enigmática y diáfana a la vez, que es capaz de alternar un escenario de ceremonial absoluto con la diversión más desenfrenada. Y, puestos a “descubrir” el alma sevillana, al salir de las basílicas, nos fuimos a otro templo; pero en este caso el de la cerveza. El eje de las calles San Felipe y Alhóndiga es el templo de la cerveza de la sociedad local sevillana.

El Guadalquivir y “las Setas”

No podíamos irnos de Sevilla sin navegar por el Guadalquivir. Al día siguiente de la Macarena y última jornada de nuestra “aventura” Sevilla, nos fuimos al antiguo puerto fluvial de Sevilla —el que había sido el centro del mundo en la Era de las Navegaciones—. Primero visitamos la Torre del Oro, la fortaleza de planta casi circular que, durante siglos, protegió el puerto fluvial de la ciudad. Y, acto seguido, embarcamos en un barco que nos transportó a aquella etapa dorada de la ciudad. Aquella navegación nos había dado una visión de la ciudad desde el agua que queríamos completar con otra visión desde el aire; y al acabar nos dirigimos a “las Setas”, una especie de “scalextric” pedestre, de construcción reciente, que nos elevó hasta cotas considerables. Cuatro días viviendo una “aventura” que nos “descubrió” aquella Sevilla que no imaginábamos.

Para descubrir el resto de Experiències El Nacional, visita la web de Viatges Viñolas o contacta al correo siguiente: elnacional@vinolas.com
Experiencias El Nacional son viajes únicos diseñados, creados e impulsados gracias a la colaboración de un triángulo esencial: Marc Pons, articulista, historiador, diseñador del itinerario y profesor-acompañante del grupo; Viatges Viñolas, responsable de la gestión de servicios y seguimiento diario del viaje, y ElNacional.cat, impulsor y difusor del proyecto.
