José Andrés ha sorprendido al contar uno de los métodos más extremos que ha probado para cuidar su alimentación. El cocinero español explicó que llegó a realizar ayunos de 21 días durante los que reducía su ingesta a unas 300 calorías diarias. Lejos de describir aquella experiencia como un periodo de debilidad, asegura que ocurrió exactamente lo contrario: se sentía lleno de energía y con una sensación física que todavía recuerda como especialmente positiva.
El chef realizó dos periodos de este tipo en apenas seis meses. No se trataba de un ayuno absoluto, porque continuaba tomando pequeñas cantidades de alimento, principalmente sopas ligeras y verduras. “Comía 300 calorías al día”, explicó al recordar aquella etapa. Según su experiencia personal, el cuerpo terminó adaptándose a una ingesta extraordinariamente reducida y su percepción del hambre cambió con el paso de los días.
José Andrés asegura que se sentía lleno de energía
Lo que más sorprendió al cocinero fue precisamente cómo se encontraba durante el proceso. “Te sientes increíble, lleno de energía”, aseguró. José Andrés incluso explicó que no notaba una pérdida evidente de fuerza y que mantenía una sensación de bienestar que chocaba con lo que esperaba antes de comenzar. Para él, aquella experiencia modificó temporalmente su relación con la comida y con las señales de apetito.

El momento de terminar el ayuno también le llamó especialmente la atención. Después de 21 días comiendo cantidades mínimas, esperaba tener unas ganas enormes de recuperar su alimentación habitual. Sin embargo, aseguró que sucedió lo contrario. “El día que rompes el ayuno, no tienes ganas de comer”, explicó. También afirmó que no sentía dolores corporales y que percibía su musculatura con una fortaleza sorprendente.
Dos ayunos extremos en solo seis meses
José Andrés ha probado distintas estrategias alimentarias a lo largo de los años, aunque siempre ha defendido especialmente la dieta mediterránea y una alimentación basada en productos sencillos. El ayuno de 21 días fue una experiencia mucho más radical. Repetirlo dos veces en seis meses demuestra hasta qué punto quiso comprobar personalmente cómo reaccionaba su organismo ante una restricción calórica prolongada.
Su relato describe únicamente su experiencia y no convierte este método en una recomendación general. Una ingesta de 300 calorías diarias durante tres semanas supone una restricción extrema y puede provocar déficits nutricionales, pérdida muscular u otros problemas. Un ayuno de estas características no debería iniciarse por cuenta propia y requiere valoración y supervisión profesional, especialmente si existen enfermedades, medicación o necesidades nutricionales específicas.