Detrás de todos los deportistas de élite, se esconden las preocupaciones de una persona normal. Hay veces que se nos olvida que tienen las mismas preocupaciones, los mismos miedos o defectos que cualquier ciudadano, y que su vida no gira única y exclusivamente en torno a su éxito en el mundo del deporte. Y así lo ha expresado Cesc Fàbregas, quien recuerda vivir un infierno cuando entró en la adolescencia, y había cumplido 14 años.
En ese momento, su vida parecía ser perfecta. Jugaba en las categorías inferiores del Barça, de la selección catalana y de la selección española, y era considerado como uno de los grandes talentos que había. Parecía estar destinado a cumplir su sueño de llegar al fútbol profesional, que se cumplió tan solo un par de años más tarde, y a ser una leyenda. Pero recibió una de las peores noticias que le podían dar, que fue la separación de sus padres, un contratiempo que le afectó mucho.
En una entrevista con Samanta Villar, hace unos años, relató que esto cambió su vida para siempre, y que le costó mucho acostumbrarse. “Cuando mis padres se separaron yo tenía 14 años. Yo lo pasé mal porque la familia es muy importante para mí, y fue un shock, yo no me lo esperaba cuando pasó. Un día fuimos a jugar un torneo en Italia con los cadetes del Barça, y Rodolfo Borrell, que era mi entrenador en ese momento, me cogió un día en su habitación. Yo no había dicho nada a nadie de que mis padres se habían separado, y él me dijo que él había entendido lo que había pasado con mis padres, y que estaba muy contento de que mi nivel no hubiera bajado, porque normalmente a esa edad te afecta mucho. Pero él dijo que no se había notado nada y que tenía un regalo para mí”, rememoró el actual entrenador del Como italiano.
“Era una camiseta de Guardiola con el número 4 del Barça con una dedicatoria que ponía mucha suerte y que ojalá algún día me viera en el Camp Nou con el número 4 y bueno, después de muchos años y mucho trabajo, así fue”, recuerda Cesc, quien también habló de su irrupción en el Arsenal siendo todavía muy joven. Y no tiene ningún problema en afirmar que necesitó ayuda psicológica para gestionar la fama y la presión mediática, además de todo el dinero que comenzó a ganar tan pronto.

“Comencé a ganar mucho dinero en Inglaterra, y me puse en contacto con un profesional, porque ni yo ni mi familia estábamos preparados para gestionar esto”, sentencia Cesc. Por suerte, su trayectoria habla por sí sola, y tuvo la oportunidad de jugar en clubes como el Barça, el Chelsea o el AS Mónaco, antes de retirarse y pasarse a los banquillos, donde también está triunfando. Y formó parte de la história selección que ganó tres trofeos seguidos, incluyendo un Mundial.