China suele provocar reacciones extremas en la conversación pública, sentimismos como las fascinación, recelo, curiosidad, desconfianza suelen aparecer. Pero para quienes llevan años viviendo allí, la experiencia cotidiana dibuja un escenario muy diferente al que a menudo se imagina desde fuera. Cecilia, una española residente en el país asiático desde hace siete años, lo resume con una frase tan simple como contundente: “En todo este tiempo nunca me he encontrado en una situación que me dé miedo”.
Su testimonio rompe con muchos de los prejuicios habituales. La percepción de inseguridad que algunos asocian a grandes urbes densamente pobladas no encaja con su experiencia diaria. Habla de desplazamientos nocturnos sin temor, de transporte público utilizado a cualquier hora y de una sensación constante de normalidad. No ha pasado nada negativo en su experiencia china.
Una seguridad que sorprende al recién llegado
Uno de los aspectos que más llama la atención a muchos expatriados es precisamente la sensación de orden en el espacio público. Las ciudades chinas, incluso las megaciudades, mantienen dinámicas que reducen notablemente ciertos riesgos habituales en otras partes del mundo. La presencia visible de sistemas de vigilancia, controles de acceso y una fuerte cultura de normas sociales generan un entorno donde los incidentes son estadísticamente poco frecuentes o nulos.
Cecilia insiste en que la tranquilidad no es una impresión puntual, sino una constante. Caminar sola de noche, usar el móvil en la calle o moverse en metro sin temor a nada, forman parte de su día a día. Si alguien llega con dudas, esa seguridad ayuda a adaptarse mejor.
Percepción externa frente a vida cotidiana
La distancia entre la imagen internacional de China y la experiencia directa de muchos residentes es uno de los elementos más repetidos en relatos similares. Desde Europa, el foco suele situarse en la política, la tecnología o la geoestrategia. Sin embargo, la seguridad ciudadana rara vez ocupa el centro del debate, pese a ser uno de los factores que más influyen en la vida diaria.
Cecilia habla de diferencias culturales, de normas estrictas y de dinámicas sociales distintas. Pero en un aspecto concreto se muestra categórica: nunca ha vivido una situación que le haya generado miedo real. Y esa afirmación, en un mundo donde la inseguridad urbana es una preocupación creciente, resulta especialmente reveladora.
