Un fenómeno que parecía casi una broma se ha convertido en una realidad institucional en Italia. Varios ayuntamientos han comenzado a integrar a jubilados en programas oficiales para supervisar obras públicas, dándoles incluso una compensación económica o reconocimiento formal por su labor.

Lejos de ser una iniciativa privada, son los propios consistorios los que están impulsando este modelo. Municipios como Villasanta, Cremona o Riccione ya han puesto en marcha o estudian implantar este sistema, que convierte a los conocidos umarells en colaboradores activos de la administración.

De mirar obras a supervisarlas oficialmente

El término umarell se utiliza en Italia para describir a jubilados que observan obras con atención, una imagen muy común en calles y barrios. Ahora, esa figura ha dado un paso más, ya que ha pasado de ser anecdótica a tener un papel reconocido.

jubilados mayores cruce europa press
jubilados mayores cruce europa press

En Villasanta, por ejemplo, el ayuntamiento ha seleccionado a varios jubilados con experiencia técnica como antiguos ingenieros, albañiles o electricistas, para supervisar trabajos públicos. Aunque en algunos casos actúan como voluntarios, cuentan con seguro de accidentes y respaldo institucional. En otros municipios, como Riccione, sí existe una compensación económica. De hecho, se han destinado miles de euros para retribuir tareas como el control de camiones o la vigilancia de obras.

Una solución con múltiples beneficios

El objetivo de estos programas es claro. Por un lado, aprovechar la experiencia acumulada de profesionales ya retirados, que pueden detectar fallos o incidencias con rapidez. Por otro, reforzar la participación ciudadana y mantener a los mayores activos. Además, supone un ahorro para la administración, que puede complementar sus recursos técnicos sin necesidad de ampliar plantillas de forma significativa.

El modelo está ganando interés en otras ciudades, como Cremona, donde ya se estudia su implantación. Todo apunta a que no se trata de un caso aislado, sino de una tendencia en crecimiento. Así pues, lo que empezó como una imagen curiosa se ha transformado en una iniciativa con impacto real. En Italia, los jubilados no solo observan las obras: ahora también contribuyen a mejorarlas, con reconocimiento y, en algunos casos, con una pequeña remuneración.