Dejar la llave puesta por dentro de la cerradura antes de irse a dormir es una costumbre muy extendida. Muchas personas creen que así dificultan que alguien pueda abrir la puerta desde fuera, pero Àlex, cerrajero y creador de contenido conocido como El Serraller, advierte de que esa sensación de seguridad puede ser engañosa. “Al ladrón le va a dar igual que tengas las llaves puestas por detrás”, explica.
El profesional asegura que quien conoce técnicas para forzar o manipular una cerradura no va a encontrar necesariamente un obstáculo adicional porque exista una llave colocada en el interior. El verdadero problema, según explica, aparece para quienes sí deberían poder entrar en la vivienda: el propietario o un familiar que dispone de otra copia de la llave.
La llave puesta puede dejar fuera a quien sí debería entrar
En determinados bombines, introducir una llave por la parte interior impide utilizar otra desde fuera. Eso significa que una persona puede salir de casa accidentalmente dejando la llave colocada y descubrir después que su propia copia ya no funciona.

“Lo único que va a pasar es que a ti te pueda costar más caro porque entonces no puedas entrar en tu casa”, advierte Àlex. En ese escenario, puede ser necesario recurrir a un cerrajero simplemente para acceder a una vivienda cuya puerta no había sido forzada ni tenía ninguna avería previa.
La seguridad depende mucho más del bombín y del cierre
Por eso, el cerrajero considera que dejar la llave puesta puede generar una falsa sensación de protección. En lugar de confiar en este hábito, recomienda prestar atención a elementos realmente importantes de la puerta, como el tipo de bombín, el escudo protector y el sistema de cierre instalado. Una solución práctica para quienes quieren poder abrir desde ambos lados es utilizar un cilindro de doble embrague, diseñado para permitir el uso de una segunda llave aunque exista otra introducida en el interior.
La recomendación de Àlex es sencilla: cerrar correctamente la puerta, dar las vueltas de llave necesarias y retirar después la llave. Dejarla puesta no convierte automáticamente la casa en un lugar más seguro. Al contrario, puede acabar complicando el acceso de quienes viven allí. El ladrón, según resume el cerrajero, no encuentra necesariamente una barrera adicional. El propietario, en cambio, sí puede terminar quedándose fuera de su propia casa.