Muchas personas intentan solucionar los problemas para dormir haciendo más ejercicio físico, llegando agotadas a casa o pensando que cuanto más cansado esté el cuerpo, más fácil será quedarse dormido. Alejandro Iranzo, jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Clínic de Barcelona, plantea una idea diferente: “Para dormirte tienes que cansar el cerebro, no los músculos”. El sueño depende sobre todo de mecanismos cerebrales y no únicamente del desgaste físico acumulado durante el día.
Iranzo explica que quedarse dormido no es exactamente un acto voluntario. En el cerebro existen mecanismos biológicos que regulan cuándo debemos mantenernos despiertos y cuándo aparece la necesidad de dormir. Por eso, terminar una sesión intensa de deporte con los músculos agotados no garantiza que una persona vaya a conciliar el sueño inmediatamente si su cerebro continúa activado.
Estar físicamente agotado no garantiza quedarse dormido
La diferencia ayuda a entender una situación bastante habitual: llegar cansado a la cama y, aun así, ser incapaz de dormir. El cuerpo puede pedir descanso mientras la mente continúa repasando conversaciones, preocupaciones, tareas pendientes o estímulos acumulados durante todo el día.
El ejercicio puede formar parte de unos hábitos saludables, pero no funciona como un interruptor automático del sueño. Iranzo pone el foco en el cerebro porque es allí donde se regulan los procesos que permiten pasar de la vigilia al descanso. La necesidad de dormir depende de cuestiones biológicas y también personales, por lo que no existe exactamente la misma cantidad de sueño adecuada para todo el mundo.
Las primeras horas concentran el sueño más profundo
El neurólogo también destaca la importancia de las primeras horas de la noche. Durante aproximadamente las primeras tres o cuatro horas se concentra una mayor cantidad de sueño profundo, una fase especialmente reparadora en la que el cerebro realiza procesos fundamentales relacionados con su recuperación.
Por eso, dormir bien implica algo más que acumular cansancio físico. Mantener horarios relativamente regulares, reducir la activación mental antes de acostarse y permitir que el cerebro entre progresivamente en una fase de descanso puede ser más útil que intentar llegar exhausto a la cama. La idea de Iranzo resume bien el cambio de enfoque: para dormir, no basta con haber cansado las piernas durante el día si la cabeza continúa funcionando a toda velocidad.
