Pedir sushi para cenar parece un plan, pero un plato de arroz puede despertar dudas cuando llega la noche. Aitor Sánchez cuestiona esa diferencia de criterio. “No hay ningún alimento que siente peor por la noche que al mediodía”, explicó el dietista-nutricionista en un reportaje de El País. Su explicación señalaba la importancia del tiempo que transcurre entre cenar y acostarse.
En este sentido, el contraste entre sushi y paella permite observar cuánto pesan las costumbres al organizar el menú. Ambos contienen arroz, aunque sus ingredientes, cantidades y preparaciones pueden ser diferentes. La pregunta útil empieza al mirar qué lleva cada plato y cómo lo servimos. Una bandeja compartida, una ración individual o una cena con varios acompañamientos son situaciones distintas que una etiqueta como “comida japonesa” no permite valorar.
El arroz no necesita desaparecer de la cena
Sánchez también abordó el rechazo nocturno a los hidratos de carbono. Explica que comerlos durante la cena no provoca por sí solo un aumento de peso: importa el exceso energético total mantenido en el tiempo. Su planteamiento invita a revisar el conjunto de la alimentación y las necesidades personales antes de eliminar automáticamente alimentos como arroz, pasta o patatas.

De esta manera, decidir la cena puede empezar por una revisión del día. Qué hemos comido, qué nos apetece preparar y qué ingredientes tenemos disponibles ofrece un punto de partida más práctico que una prohibición horaria. Tampoco hace falta convertir cada comida en un cálculo complicado. Se trata de evitar que el miedo a un ingrediente termine sustituyendo la atención que merece el plato completo.
Mirar la cena entera antes que prohibir ingredientes
La presencia de verduras es otra de las prioridades que ha defendido el nutricionista. En una intervención en La Roca, de laSexta, insistió en incluirlas tanto en la comida como en la cena. También cuestionó que algunos alimentos cotidianos generen recelos por la hora mientras otras preparaciones pasan ese filtro sin discusión. Su propuesta era construir hábitos sostenidos, en lugar de recurrir a planes puntuales.
Así pues, una cena de sushi o de arroz merece valorarse por su composición y su encaje en la rutina. Elegir acompañamientos y ajustar la cantidad permite concretar esa decisión. El objetivo es poder organizar cenas variadas sin depender de una lista de alimentos vetados al anochecer.