Aitana Ocaña ha recordado una etapa dolorosa de su infancia en Sant Climent de Llobregat, cuando sufrió acoso escolar por parte de compañeros de la escuela de música. La cantante ha explicado que le pegaban chicles en el pelo, difundían que tenía piojos y conseguían que otros niños se apartaran de ella. Aunque ocurría por temporadas, aquella sensación de rechazo terminó afectando a su forma de acudir a clase.
“Yo le decía a mi madre que no quería ir”, ha contado. Sin embargo, cuando ella preguntaba qué sucedía, Aitana intentaba restar importancia a lo ocurrido. Incluso cuando su madre descubría un chicle pegado en su cabello, respondía que quizá se lo había puesto sola. Ese silencio refleja el miedo, la vergüenza y la dificultad que muchos niños sienten para explicar que están siendo acosados.
El miedo la llevó a ocultar lo que ocurría
Aitana no quería preocupar a su familia ni sabía cómo enfrentarse a sus compañeros. Inventar una explicación parecía más sencillo que reconocer que otros niños la humillaban. El acoso no necesitaba golpes constantes para hacer daño real, de hecho, bastaban los rumores, el aislamiento y pequeñas agresiones repetidas para que comenzara a sentir que no pertenecía al grupo.

Con los años, la artista ha comprendido que hablar resulta esencial. También ha querido precisar que su experiencia fue menos grave que la de otros menores que soportan situaciones mucho más duras, pero eso no convierte su sufrimiento en irrelevante. Recordarlo públicamente permite mostrar que conductas presentadas como bromas pueden dejar miedo, inseguridad y una huella prolongada.
La psicología como herramienta para pedir ayuda
Aitana aprovecha su experiencia para conversar con sus primos pequeños y comprobar que se sienten seguros. Considera fundamental que las familias pregunten, observen cambios de comportamiento y creen un espacio donde los niños puedan contar lo ocurrido sin pensar que serán culpados. La negativa repentina a acudir a clase puede ser una señal que merece atención.
La cantante también ha defendido la importancia de acudir al psicólogo. Ella empezó después de salir del concurso que la hizo conocida y considera que cuidar la mente debería normalizarse. Al mismo tiempo, reconoce que la terapia es cara y no está al alcance de todas las familias. Su mensaje no consiste en imponer una solución única, sino en pedir ayuda cuando sea posible. La niña que escondía un chicle en el pelo ahora utiliza su voz para recordar que ningún menor debería afrontar el acoso en silencio. Escuchar a tiempo puede cambiar la vida de cualquier menor.