Cada año, con la campaña de la Renta, surgen dudas que pueden acabar en errores importantes. Una de las más comunes tiene que ver con las herencias. Y aquí los expertos son claros: las herencias no se incluyen en la Declaración de la Renta. Una abogada especializada lo resume de forma contundente: “No van en la Declaración de la Renta, van en otra declaración completamente distinta”.

El motivo es que, aunque muchas personas lo desconocen. Una herencia no se considera un rendimiento o ingreso como un salario, sino una transmisión patrimonial. Por eso, no debe añadirse como tal en la Renta, ya que pertenece a otro marco fiscal completamente diferente.

El impuesto correcto es el de Sucesiones y Donaciones

Las herencias deben declararse en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, un tributo que depende de cada comunidad autónoma. Esto significa que las condiciones, bonificaciones y cantidades a pagar pueden variar considerablemente según el lugar de residencia. Y es que este impuesto tiene su propio funcionamiento. Se debe presentar en un plazo general de seis meses desde el fallecimiento y su gestión es independiente de la campaña de la Renta. No cumplir con estos plazos o confundir los impuestos puede generar problemas con la administración.

Uno de los fallos más frecuentes es incluir la herencia en la Renta por desconocimiento. Esto puede provocar que el contribuyente pague más de lo que le corresponde o incluso que reciba un requerimiento de Hacienda para corregir la situación. Además, este error puede hacer que se pierdan bonificaciones aplicables en el Impuesto de Sucesiones, lo que agrava aún más el impacto económico. Por eso, los expertos insisten en revisar bien cada caso antes de presentar cualquier declaración.

Hay un caso en el que sí que influye en la Renta

La clave está en diferenciar la herencia en sí de los rendimientos que puede generar después. Por ejemplo, si se vende un inmueble heredado, sí que se debe declarar en la Renta la ganancia patrimonial obtenida a raíz de ello. Lo mismo ocurre si ese bien genera ingresos, como un alquiler.

La realidad es que entender esta diferencia es fundamental para evitar errores. De este modo, separar correctamente ambos impuestos permite cumplir con Hacienda sin pagar de más ni exponerse a sanciones innecesarias.