Tal día como hoy del año 1936, hace 90 años, en Barcelona, un grupúsculo terrorista formado por elementos de la CNT-FAI y de Falange Española atentaba mortalmente contra Miquel Badia Capell y contra su hermano Josep. Miquel Badia había sido —con Francesc Macià— uno de los fundadores del partido Estat Català (1922), la primera formación independentista de la historia moderna y contemporánea de Catalunya; había participado en diversas acciones de la lucha clandestina contra el régimen dictatorial de Primo de Rivera, como el Complot del Garraf (1925), y había sido comisario general de Orden Público de la Generalitat durante los gobiernos de Macià y de Companys (1932-1934). Cuando fue asesinado, estaba dedicado a la dirección del partido Estat Català.
Durante su etapa como jefe de la policía catalana (1932-1934), la opinión pública del país le había dado la consideración de "policía total" por su nivel de implicación personal en las operaciones policiales contra los grupúsculos terroristas anarquistas que boicoteaban la política del joven Govern de la Generalitat —y comprometían la viabilidad del autogobierno— y que atentaban contra intereses empresariales. Badia había destacado en la desarticulación de células terroristas anarquistas, dirigiendo, personalmente y pistola en mano, los operativos policiales. Por este motivo, fue llamado popularmente Capità Collons. Y también, por este motivo, se convirtió en objetivo del terrorismo anarquista.
Poco después, también se convirtió en objetivo del terrorismo ultraderechista españolista. Durante el juicio a Josep Aymà y Camil Bofill —director y editor respectivamente del diario La Nació Catalana— por presuntas injurias al ejército español, el juez Jovino Fernández y el fiscal Manuel Sancho prohibieron a los acusados y a su abogado Josep Maria Xammar ejercer la defensa en catalán. La sala se convirtió en un gallinero y el fiscal Sancho —convertido en el protagonista de aquel incidente, bramando contra Catalunya y contra los catalanes— sería arrestado por Badia por alteración del orden público. A partir de este hecho, el president Companys forzaría la dimisión de Badia y el terrorismo ultraderechista españolista lo colocaría en su punto de mira.
Miquel y Josep Badia Capell fueron mortalmente tiroteados por la espalda en la puerta de su casa —en la calle Muntaner, 28— y el Govern de Catalunya señalaría al terrorismo de la CNT-FAI como autores del atentado. Pero el periodista Josep Maria Planes —pionero del periodismo de investigación en Catalunya y, posteriormente, víctima de los mismos grupúsculos terroristas (agosto de 1936)— probaría la existencia de unos misteriosos vasos comunicantes que dibujaban un sórdido triángulo que pretendía el exterminio físico del independentismo catalán y que estaba formado por tres vértices: el sindicato anarquista CNT-FAI, el mundo delincuencial local y el grupúsculo ultraderechista local Peña Ibérica, que había sido engullido por Falange Española.