Tal día como hoy del año 1496, hace 530 años, en el desaparecido Palacio de Richmond (Londres), nacía María Tudor de York, la quinta hija (la segunda chica) de la pareja formada por el rey Enrique VII de Inglaterra —el primer Tudor en el trono de Londres— e Isabel de York —primogénita del rey Eduardo IV de Inglaterra, el último York en llevar la corona inglesa—. Por todo esto, María era hermana menor de Arturo (1486), heredero y, por lo tanto, príncipe de Gales, que sería casado con Catalina de Aragón (1502) y que moriría prematuramente (1502), y de Enrique (1491), nombrado sucesor tras la muerte de su hermano, casado con su cuñada-viuda (1509) y que reinaría como Enrique VIII (1509-1547).
Durante su infancia, Enrique y María tuvieron una relación muy cercana y, posteriormente, el rey siempre la consideraría su hermana preferida y, a menudo, la protegería y le dedicaría muestras de cariño fraternal. En 1512, Enrique VIII ordenó que la carraca más grande que jamás se había botado —y buque insignia de la nueva y potente marina inglesa— fuera bautizada con el nombre de Mary Rose (Mary, por su hermana, y Rose, por la rosa de la divisa de los Tudor). Sin embargo, en 1514, Enrique VIII dispuso que María —que acababa de cumplir dieciocho años— entrara en el mercado matrimonial, convertida en una pieza del tablero político internacional, y la casó con el rey Luis XII de Francia, un hombre que ya acumulaba dos matrimonios y que casi triplicaba su edad (52 años).
Luis XII murió el año siguiente (enero, 1515) sin haber engendrado descendencia con María. Transcurridos tan solo dos meses (marzo, 1515), María se casaba —por iniciativa propia— con Charles Brandon, embajador de Inglaterra en París, amigo personal del rey Enrique VIII y un hombre extremadamente ambicioso. Dicho matrimonio, celebrado sin la autorización del rey, provocó un gran revuelo. Pero el afecto que el rey aún sentía por su hermana pequeña mitigaría su enfado. María y Charles se trasladaron a la corte de Londres e intervinieron en política. En 1533, cuando Enrique VIII decidió divorciarse de Catalina de Aragón, María y Charles —en ese momento lord presidente del Consejo (equivalente a primer ministro)— se posicionaron al lado de la reina.
El posicionamiento de María y su marido obedecía a cuestiones políticas y se fundamentaba, principalmente, en que detestaban a Ana Bolena y a toda su familia, a la que acusaban de querer apropiarse del cargo de Charles. Finalmente, María y Charles aceptaron a la nueva reina Ana, con la garantía de que conservarían su posición política. Sin embargo, nunca confiaron en ese pacto, que consideraban precario porque dependía de la voluntad del rey. Poco después, tuvieron un papel muy relevante en la fabricación de los cargos acusatorios que llevarían al repudio, destronamiento y ejecución de la reina Ana (1536) y a la caída en desgracia de toda la familia Bolena. Sin embargo, no lograron la restauración de Catalina en el trono.