Tal día como hoy del año 1929, hace 97 años, en París, moría Ferdinand Foch, mariscal de Francia que, durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), había sido comandante en jefe del ejército aliado en los Balcanes (1914-1916) y comandante en jefe del ejército francés en la metrópoli (1916-1918) en sustitución del catalán —y también mariscal de Francia— Josep Joffre. El mariscal Foch había nacido en 1851 en la villa occitana de Tarba (en el departamento francés de los Altos Pirineos) en una familia de la burguesía local. A pesar de su origen familiar —acomodado y afrancesado—, Foch, fruto del contacto con sus vecinos y amigos del pueblo, aprendería y dominaría perfectamente la lengua occitana, en su variante dialectal gascona, propia de Tarba.
En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Foch había sido destinado a Grecia para detener la proyección militar de Turquía y estableció su cuartel general en Salónica, que, hasta poco antes, había sido una plaza otomana (1430-1492). Esto resultaría fundamental para “descubrir” la existencia de una pequeña comunidad judía de la ciudad que conservaba el catalán medieval, que, durante el siglo XVI, había sido relativamente numerosa y culturalmente muy prestigiosa, y que se llamaba katalanim. Esta comunidad estaba formada por los judíos catalanoaragoneses de la diáspora de 1492 que tenían el catalán como lengua propia. Por lo tanto, tenía una identidad y una cultura propias y diferenciadas de los sefarditas de origen castellanoleonés.
Según el mismo Foch, un subordinado le habría informado de la existencia de este fenómeno cultural (los últimos testimonios de una comunidad que, a finales del XVI, había conocido una gran regresión causada por una fuerte corriente migratoria hacia los Países Bajos independientes y sus colonias americanas). Este subordinado le pidió que los entrevistara porque hablaban una lengua muy similar a la que Foch usaba en algunas ocasiones. La sorpresa, sin embargo, saltó cuando tomaron conciencia de que aquellos judíos no hablaban occitano, sino un catalán medieval. A partir de aquel momento fue posible la colaboración entre los katalanims y el mando aliado gracias a las sinergias que generaría la proximidad idiomática entre el mariscal y los ciudadanos de Salónica.