Tal día como hoy del año 1819, hace 207 años, moría exiliado en Nápoles el exrey español Carlos IV (hijo y sucesor de Carlos III y padre y antecesor de Fernando VII). Carlos, que era el quinto Borbón hispánico (era nieto de Felipe V), estuvo casado con su prima hermana María Luisa de Borbón-Parma (de la rama borbónica parmesana), que moriría, también exiliada, tan solo diecisiete días antes (2 de enero de 1819). Poco antes de la muerte, la exreina —que vivía en Roma separada del exrey— se lo revelaría a su confesor, el fraile Juan Francisco Tomás León —más conocido como Fray Juan de Almaraz—, y este lo divulgaría seguidamente: que de los veinticuatro embarazos que tuvo, y que tuvieron como resultado catorce nacimientos, “ninguno lo fué del rey”.

Durante su matrimonio, tanto en la época de príncipes de Asturias (1765-1788) como de reyes de España (1788-1808), fueron objeto de una campaña de descrédito urdida por los elementos más reaccionarios de la corte de Madrid. En aquel contexto cortesano, Carlos siempre fue considerado un cornudo consentidor y María Luisa una depravada sexual. Dos de los personajes más influyentes de la corte —las duquesas de Alba y de Osuna— difundieron el rumor de que el primer ministro Manuel Godoy era el amante de la reina y, también, del rey, y el padre biológico de la mayoría de los infantes reales. Con el matrimonio de su primogénito Fernando, su nuera María Carolina se sumaría a esta maniobra y María Luisa proclamaría: “Qué haremos con la diabólica sierpe de mi nuera (María Carolina) y con el marrajo cobarde de mi hijo (el futuro Fernando VII)”.

Carlos IV y María Luisa serían, con su primogénito Fernando, protagonistas de uno de los episodios más vergonzosos de la historia de los Borbones españoles. El 6 de mayo de 1808, en Bayona (País Vasco francés), vendieron la Corona española al emperador Napoleón I de Francia y este la cedió a su hermano José (mal llamado Pepe Botella). En aquella transacción, Catalunya fue separada del lote español e incorporada a Francia como una región más (1808-1814). Carlos IV y su hijo Fernando VII (que había alcanzado el trono dos meses antes con un golpe de Estado contra su padre) pactaron con Napoleón, entre otras cosas, una pensión anual y vitalicia de cuatro millones de francos franceses, que sería el origen del “bolsillo secreto” de los Borbones españoles del siglo XIX, un fondo opaco que emplearon para todo tipo de negocios legales e ilegales.