Tal día como hoy del año 2000, hace 21 años, moría en València el industrial, filólogo y escritor Enric Valor i Vives, quien, por su compromiso personal con la recuperación y normalización de la lengua valenciana y por la extraordinaria valía de su trabajo, ha sido considerado el patriarca contemporáneo de las letras valencianas. Enric Valor había nacido en Castalla (comarca de l’Alcoià) el año 1911, en una familia de pequeños propietarios agrarios, y dedicó buena parte de su vida a la recolección y documentación del corpus lexicográfico valenciano y a la estandarización y normativización de la lengua valenciana.

Animado por sus padres, cursó el peritaje mercantil y se graduó en la Escuela de Comercio de Alacant. Durante los primeros años de su vida profesional compaginó las actividades empresarial y académica: creó dos fábricas de calzado (en el País Valencià y en Mallorca) y formó parte de la dirección de la Unión Nacional de Fabricantes de Zapatos; y al mismo tiempo colaboró con la publicación satírica El Tio Cuc, que se editaba en Alacant. Valor introdujo la gramática fabriana y El Tio Cuc sería el primer medio de prensa valenciano que publicaría siguiendo las normas ortográficas de Pompeu Fabra.

Sin embargo, poco después de la proclamación de la II República española (1931), abandonó progresivamente su actividad empresarial y se acabaría entregando, en cuerpo y alma, a la actividad política y académica. Se instaló primero en Alacant y después en València, y se convirtió en una de las figuras más destacadas en la reivindicación del Estatuto de Autonomía (que el estallido del conflicto civil impediría culminar) y de los movimientos políticos y culturales valencianistas (fue un gran difusor del valencianismo político a través de las publicaciones La República de les lletresEl Camí o El País Valencià).

Durante el largo túnel de la dictadura franquista (1939-1975) sufrió la represión política del régimen y fue encarcelado (1966-1968). Enric Valor nunca aceptó la denominación "Antiguo Reino de Valencia", que pretendían imponer las clases más reaccionarias y españolistas de València, y siempre defendió la denominación popular e histórica "País Valencià". Durante la etapa dictatorial, y desde la clandestinidad, mantuvo una frenética actividad de divulgación del valencianismo político y cultural. Posteriormente fue Premi de les Lletres Valencianes (1985) y Premi d’Honor de les Lletres Catalanes (1987).

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